Reserva Natural Otamendi: Gravel en las islas


Por Gustavo Almada*

Para cualquier ciclista porteño, salir un domingo a hacer un fondo es una lucha empecinada contra semáforos, edificios y autos que solo se atenúa con la habitual tarea de surfear el asfalto de alguna avenida.
A menos de una hora de auto por la General Paz, el río más ancho del mundo y su delta pueden ser un gran alivio y un excelente destino.
Cruzando a las islas de la Reserva Natural Otamendi podemos hacer un recorrido en bicicleta cien por ciento fuera del asfalto, disfrutando de la naturaleza, bosques y arroyos, y pasar un día sin escuchar autos. prácticamente.

Hoja de Ruta    
Convocamos a los amigos de siempre, los que no fallan nunca (porque aunque alguna vez no vienen siempre están) y esta vez sumamos una docena.
9.30 puntual en la estación de trenes de Ing. Otamendi (FFGM) el último domingo del año de un diciembre caluroso. Esta estación recibe al mismo tren tres veces al día en ambas direcciones; se puede arribar desde Retiro hasta Villa Ballester y luego hacia Zárate. Nosotros llegamos en auto con nuestras bicicletas. Panamericana, kilómetro 65 a la derecha, una recta de unos 5 kilómetros en dirección hacia el río, el asfalto nos guía. Una bajada en medio de un bosque nos coloca geográficamente en la barranca natural que divide la llanura del río, nos da la bienvenida una estación casi abandonada que despierta breves minutos por día. El asfalto que nos acompañó desde que cerramos la puerta de casa desaparece mágicamente antes de cruzar la barrera, ahí mismo un pequeño terreno, una tranquera siempre abierta y un chico –que en años solo ha cambiado en su estatura– nos reciben; es el lugar donde dejo el auto hasta regresar de la excursión.
La docena de bicicletas –mayormente gravel– está lista para iniciar el recorrido: Reid Granite, Specialized Diverge, Kona, Salsa, Surly, Cannondale. Cruzamos la barrera del tren; de un lado el asfalto, del otro la grava. A pedalear.

Una recta de 5 kilómetros y nos topamos con el Río Paraná de las Palmas, un transbordador une las dos costas en unos minutos; solo hay tiempo para algunas fotos, videos, recibir el viento en la cara y abonar por única vez los seis cruces que realizaremos en el día.

El Desembarco
Un cartel nos da la bienvenida a las Islas de Talavera; el camino se vuelve un tanto arenoso por la falta de lluvia y una larga recta de casi 9 kilómetros nos regala un paisaje de pinos y otras especies a los márgenes de la ruta. Una curva modifica la estática recta y nos deposita en el segundo cruce, donde una pequeña balsa con un motor a explosión nos empuja 30 metros sobre el arroyo.
Una nueva recta nos conduce a un cruce de caminos, el de la derecha se extiende unos cuantos kilómetros hasta que algún arroyo travieso detiene nuestro pedaleo. Vale la pena perderse en éste para luego volver sobre nuestras huellas. El camino de la izquierda nos permitirá conocer un mítico recreo –que dejamos para el regreso–, elegimos seguir por el camino al frente y a unos pocos metros tomamos la tercera y última balsa, esta vez sobre el río Carabelas. En el margen de enfrente el ca- mino se reparte entre izquierda y derecha por este último, luego de unos kilómetros, nos recibe el Camping El Cielo, la mejor y única oferta de la zona para reponer calorías en forma de sándwiches e hidratarnos en la despensa que atiende Graciela desde hace años. La playa de arena o el típico muelle de madera del Delta es la opción para descansar, pegarnos un chapuzón y disfrutar la sombra de un sauce.


Regreso en el tiempo

13:30, hora que el operario de la balsa regresa de su siesta. Coordinamos los horarios para no tener que molestar su ritual tarea. Una vez del otro lado del Carabelas giramos en el cruce con destino al mítico Recreo Blondeau. La ruta comienza a angostarse y a reflejar el esquivo paso de la gente a este parador. Año tras año, al llegar a este lugar compruebo que nada es para siempre.Una pequeña balsa eléctrica cruza el canal Alem; no es una máquina del tiempo, pero si así lo imaginásemos nos transportaría al momento cúspide de un almacén de ramos generales, único en las islas, fundado en 1921 por Desiderio Blondeau. Era el corazón y punto de encuentro de los isleños, abierto todos los días del año. La realidad es que hoy apenas funciona en enero y febrero recibiendo cada vez menos turistas. Entrar a su salón principal es viajar en el tiempo: rejas sobre el mostrador (como buena pulpería), pósters y carteles vintage de bebidas nos sitúan en los años 70. El viejo Firpo, su dueño, ya no tiene la misma fuerza de esos años dorados y temporada tras temporada anticipa su cierre. Atrás del salón principal se levanta sobre típicos pilotes su famoso Teatro de las Islas, salón de reunión de generaciones de isleños. Un mágico recuerdo me viene a la mente: el viejo Firpo abriéndonos el candado de la puerta y ofreciéndonos el lugar para pasar la noche en nuestras bolsas de dormir, ahí junto al mismísimo escenario, en una platea que sería invadida a la madrugada por ruidos de almas escénicas, o quién sabe qué alimañas, mientras nuestros cuerpos descansaban después de una larga pedaleada.


Regreso a la civilización
Ya de vuelta recorremos un viejo sendero que todos años se modifica. Un par de tranqueras le dan el toque especial de aventura y luego de varios kilómetros regresamos a la segunda balsa. El camino es el ya conocido y las rectas nos llevan al transbordador, el último cruce y un sprint final, bajo el duro sol de diciembre.
Luego de 75 kilómetros de grava, arena y senderos entre la naturaleza, cruzamos la vía de la estación y el asfalto nos recibe con un aplauso de civilización.
Al correr las mangas de nuestros jerseys,se dibuja en la piel una combinación de marrón oscuro y piel virgen rosada, que nos caracteriza como ciclistas. Dejamos kilómetros de huellas de cubiertas en los caminos de las islas. Ambas marcas se borrarán, pero tanto el sol como los ciclistas repetiremos el mismo ritual.

Muy cerca de Buenos Aires, un recorrido cien por ciento gravel te está esperando.

*Ciclista y propietario de LordBike: www.lordbike.com.ar

Datos Útiles
♦Transbordador: Río Paraná.
♦Costo total de cruces: $260 por persona en bicicleta.
♦Teléfono del capitán del transbordador: (011)4550-2993
♦Horarios siesta: chequear en cada cruce, algunos son más dormilones.
♦Camping El Cielo: (011)5647-7423
♦Recreo Blondeau: (03489)460056
♦Se puede llegar en tren hasta la estación Otamendi o en auto y dejarlo a resguardo en el terreno al lado de la estación (no lo piden, pero dejen una buena propina, $100 está bien).
♦Distancia del recorrido: 75 kilómetros.
♦Tiempo promedio con paradas y chapuzones: 6 horas.
♦Dificultad: intermedia.
♦Terreno: compacto o arenoso, dependiendo de las lluvias. El camino drena muy bien, por lo que 72 horas después de una lluvia estará completamente seco.
♦Prohibido no llevar: agua, repelente y protector solar.
♦Cantidad de semáforos en el recorrido: 0.
♦Bocinazos promedio: 0.