Recorridos Porteños: Bici, pizza y fainá


Por Gustavo Almada*
El programa del jueves a la noche era sencillo, salir a pedalear y buscar esas pizzerías al corte ubicadas fuera del circuito tradicional del centro de la ciudad de Buenos Aires. Por eso es que nos alejamos de Avenida Corrientes y sus luces y buscamos pizzerías clásicas barriales.
Como vampiros de la muzzarella montamos nuestras bicis, luego de la puesta del sol, al término de la jornada laboral.
Villa Ortuzar, Villa Devoto, Monte Castro, Floresta y Mataderos era el recorrido original de nuestro road book de enero, un mes donde muchos se van de vacaciones, incluso los dueños de algunas pizzerías que teníamos agendadas, por lo que el recorrido se redujo a tres clásicos de la zona.
Noche perfecta, temperatura ideal. Los decibeles en las calles bajan increíblemente. Negocios cerrados, poca gente en las veredas, baja frecuencia de colectivos y taxis que descansan estacionados, luego de girar todo el día. Nos adueñamos de las avenidas y pedaleamos con la guardia baja.

El Barrilete:
Marcos Sastre 4394

Típica pizzería barrial, boliche caluroso, con poca luz y cajas apiladas en el mostrador en espera de su contenido circular. El golpe de la tapa del horno y el coro de “¡Gracias!” de TODOS los empleados cuando el cajero anuncia que alguien ha dejado una propina, son los sonidos característicos de esta pizzería de Monte Castro.
A nadie aquí se le ocurriría pedir una pizza con palmitos, ananá, salsa blanca o rúcula, ni ninguna otra modernidad. Acá es lo clásico, muzza, cancha o cebolla, y paren de contar.
Una buena cantidad de queso de excelente calidad cubre una fina masa. La fainá no me voló la cabeza pero le dio el equilibrio justo al bocado: muzza sobre fainá junto a una Lager, el maridaje de la primera parada.

Lobato: Avenida Emilio Castro 6693

Pasadas las 22, pedaleamos tranquilamente por Floresta. Vuelvo al barrio que me vio crecer y, al igual que en los años 80, disfruto pasear por sus calles que si bien están cambiando siguen manteniendo su espíritu barrial.
Dejamos atrás la cancha de All Boys y nos encontramos con la sorpresa de que El Fortín está cerrado por reparaciones. Es entonces cuando decidimos cruzar “la frontera” e ir a Mataderos. El famoso clásico del fútbol del ascenso, All Boys – Chicago, lo llevaremos a la pizza.
Comenzamos a girar por el barrio. Yrigoyen, rodeada de sus eternos chalecitos, es una pista veloz. Cruzamos Juan B. Justo, donde el 34 y el 166 corren encerrados y en la india por el llamado Metrobús. La
estación de Villa Luro y sus viejos galpones nos regalan una postal antes de cruzar Avenida Rivadavia e ir en busca de Mataderos.
Nélida Lobato fue una famosa actriz y bailarina de teatro de revista, allá por los años 70, tan linda y sabrosa como es la pizza de la Lobato, una clásica pizzería de mesas altas, espejos que cuelgan de paredes revestidas de machimbres milenarios, pósters desteñidos y mucha gente de paso, tanta que hay que esperar el pedido.
La botella ámbar de la Lager comienza a golpear los vasos y a repartir su líquido tesoro. Llega el mozo con un gran plato de porciones apiladas, entre las que asoma una que me tienta. La cancha de Lobato es un gran descubrimiento. En su masa esponjosa el tomate y sus condimentos han penetrado profundamente.
Cada bocado es un placer independiente, únicamente interrumpido por algún sorbo de cerveza. La muzza y la fainá están acordes a la situación y la de cebolla queda para el final, para no contaminar los sabores.
Nuestras bicicletas lucen atadas en la entrada como mascotas ansiosas por seguir rodando. Volver a ellas es una buena excusa para bajar la comida y “hacer lugar” para la próxima parada.

La Universal:
Avenida Rivadavia 8816

Mientras tarareo un tema de Manal pedaleamos por el medio de la avenida. El paisaje es raro. Los vehículos parecen haberse extinguido aunque en solo cuestión de horas este lugar se convertirá nuevamente en una selva. Barrios de blues. En esta parte de la capital porteña, allá por los años 80, solíamos ir a escuchar a los bares de la zona a Memphis La Blusera, la banda del barrio. Mientras bajamos por Rivadavia recuerdo aquel viejo clásico “En la Universal, fin de la noche. Moscato, pizza y faina”.
La Universal sigue como siempre, posters de Memphis descoloridos dan las gracias de la fama otorgada a la pizzería. Sillas y banquitos vintage, por no decir viejísimos, la misma vidriera de siempre ,en la que parece que nunca se han movido los sifones que decoran (me atrevo a apostar que si los levantamos aparecerá un circulo perfectamente limpio entre tanta tierra). Pero esta es la Universal y quiero que siempre siga así.
La vereda es angosta pero las cuatro mesas de la pizzería no molestan a ningún vecino. Nos adueñamos de una de ellas mientras hacemos el pedido en el mostrador.
El jueves quedo atrás y la madrugada del viernes nos recibe, junto a otros noctámbulos. Ver a esos personajes me hace fantasear imaginando sus vidas. Llega uno con su guitarra y saluda a los integrantes de una mesa; aquí la gente se conoce y este es un punto de reunión.
La muzzarella no parece ser la mejor y dudo si es recalentada, pero la fainá es crocante y blanda a la vez, con una capa superficial quemada y crujiente. Una delicia.
Cuando la madrugada golpea la puerta decidimos levantar campamento. Los vecinos de mesa parece que no se han enterado y el músico toca su guitarra y canta: “Un viejo blues me hizo recordar que estábamos unidos…”
Acompañados por la nostalgia blusera y el sabor de las clásicas pizzerías de barrio, en una noche fresca de verano, nada mejor que disfrutar además de una buena pedaleada entre amigos.


*Ciclista y propietario de la bicicletería LordBike: lordbike.com.ar. Escribe en blog.lordbike.com.ar