Por qué no comprar tu bici en el súper

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Pocas décadas atrás era muy sencillo comprar una bicicleta nueva. Sabíamos que en nuestra bicicletería de confianza encontraríamos uno o varios modelos de nuestro interés y además el asesoramiento necesario para elegir correctamente. En los últimos años la diversificación de marcas, modelos, lugares y formas de comprar nos ha venido generando muchas veces más dudas que certezas.
Si bien esto tiene sus ventajas, ya que hoy podemos acceder a modelos, componentes y accesorios que en otra época no hubiéramos podido, también implica el crecimiento del riesgo de hacer una mala compra. Especialmente en estos tiempos en que mucha gente está empezando (o volviendo) a usar la bicicleta como medio de transporte, podemos encontrar que hay bastante desconocimiento por parte de los consumidores novatos acerca del tema. Ellos son principalmente los más expuestos a caer en trampas de marketing o en información absolutamente parcial y por eso deben ser más cuidadosos tomando en cuenta estos consejos.

La máquina
A quienes les gustan las bicis, esto les va a resultar algo frío, pero no por eso menos cierto: comprar una bicicleta es comprar una máquina. Claro que luego al usarla la vamos a ir cargando inevitablemente de valor afectivo. Pero si revisamos la definición de lo que estamos comprando podemos leer que según el diccionario una máquina es un “conjunto de aparatos combinados para recibir cierta forma de energía y transformarla para producir un efecto determinado.”
Por eso es importante que sepamos que como toda máquina, las bicis se ven afectadas por el desgaste propio de usarlas. El mantenimiento entonces será la clave para seguir disfrutando en el tiempo los beneficios que nos dan. Como primer punto entonces, al comprar debemos asumir que tendremos un costo de mantenimiento que no solo será de dinero, sino de tiempo y atención que nos serán requeridos.

El día después de mañana
De acá viene entonces la importancia de saber de qué se trata la postventa. Esta palabrita que pareciera estar asociada casi exclusivamente al mundo automotor, en realidad tiene igual peso para las bicis.
Debemos tener en claro cómo vamos a encarar esta tarea de mantenerla en condiciones de funcionamiento y seguridad. Por eso una de las grandes recomendaciones que se les suele dar a los primerizos es que vayan a comprar a una bicicletería. ¿Qué mejor que un negocio especializado en el rubro para atender nuestra bici? Además de conocer el modelo y sus partes, en este lugar tendrán contacto directo con el distribuidor y será más fácil solucionar cualquier asunto. Pero tal vez el factor más importante está en el contacto humano. Al comprar en una bicicletería (¡y si es de esas de barrio, mucho mejor!) tendremos a quien solicitar ayuda personalmente.
Sabemos que hoy en día una de las grandes frustraciones de los consumidores, en el rubro que sea, es atravesar incontables menues telefónicos, esperar respuestas a mails que nunca llegan y demás. El riesgo de comprar una tentadora oferta de bicicletas por Internet es grande por eso mismo. También esto ocurre con aquellos rodados de cadenas de hipermercados. Además de que comúnmente tienen una muy baja calidad, puede ser una tarea ardua encontrar alguien que nos pueda dar una solución a un reclamo mecánico, por más sencillo que fuera.

Un vehículo como los demás
Lo último pero no menos importante es sobre nuestra seguridad. Recordemos que las bicis son máquinas y a la vez son vehículos. En el caso del ciclismo urbano las usaremos en la calle como parte del tránsito y al igual que un auto o una moto, necesitamos que todo esté funcionando correctamente. En este sentido, en una bicicletería suelen trabajar personas que se especializan en el correcto ensamblado de las bicis que llegan de fábrica. Comprar nuestro vehículo en un lugar que sepan ajustar, mantener todo ajustado y además en buen funcionamiento es algo que todo ciclista urbano responsable no debería negociar jamás.