¿por qué las bicicletas tienen la forma que tienen?


Por Javier González King*

Hace unos años, en un ejercicio del taller de diseño de la FADU, trabajamos en una bicicleta y, entre más de cien propuestas, muy pocas pudieron despegarse de la configuración de diamante o triple triángulo del cuadro. Había de todos los formatos, de paseo, con y sin top tube, plegables, de carga, pero ninguna se salía mucho de esa configuración. ¿Por qué? Tal vez podría hacer un análisis super profundo del tema, pero cabe la posibilidad de que caiga en especificaciones demasiado técnicas y aburra a más de un lector. Así que les propongo lo siguiente: voy a detallar algunas observaciones –con las que algunos podrán no coincidir– que ayudarían para entender por qué la bici no ha cambiado tanto desde su creación, que es lo que me parece más divertido.


Un poco de historia

Lo primero a tener en cuenta es que a finales de la década de 1870 la bici empezó a configurarse como la conocemos hoy. Esa transformación se debe, entre otras cosas, a la aparición de la cadena de transmisión que necesita de dos puntos de anclaje para poder ser tensada. Por otro lado, las ruedas se achicaron para hacer el vehículo más cómodo a la hora de subirse/bajarse y se estandarizaron tamaños de éstas. Al ser más pequeñas –lo que hoy conocemos como un rodado 26 o 28– las ruedas copiaban más las imperfecciones del camino, haciendo que los cuadros de fundición no sean lo suficientemente flexibles para darle al ciclista un paseo agradable.
El diamante, o el triple triángulo, permite que las fuerzas a las que se somete el cuadro estén siempre repartidas en más de una dirección. El golpeteo de la rueda contra el pavimento se reparte hacia dos direcciones y, por otro lado, al ser más resistentes, el espesor de los materiales son menores, lo que hace que la bici sea más liviana y económica.
Otra cuestión no menor de por qué esta configuración sigue vigente es la ergonomía, ya que los humanos tenemos ciertas limitaciones (o facilidades) físicas.
Uno de los tres triángulos ubica nuestros tres puntos de contacto con la bici: el trasero, las piernas y la manos. Hubo algunos que intentaron (y lo lograron) cambiar la configuración de triángulo, recostando al ciclista, poniendo los pedales al frente y manejando la dirección a través de palancas conectadas a un manubrio que sale a los costados del asiento. Hicieron un cambio, y probablemente hayan logrado una mejor eficiencia aerodinámica y de la fuerza del pedaleo, pero creo –y esta es una simple observación personal– que no llega a ser algo muy popular simplemen- te porque la lectura entre el movimiento que hacen las manos y el movimiento de las ruedas no es directa, haciendo que sea más difícil controlarlas.

El Diseño de la bici urbana
Como la eficiencia, la velocidad y la adrenalina no siempre son el fin de andar en bicicleta, existen otros tipos de bicis en donde la posición de manejo es más cómoda. Lo que significa que al no necesitar un movimiento de piernas super eficiente, podemos tener un manubrio más alto para llevar una posición más erguida, usar un asiento algo más grande y mullido y no forzar tanto el cuello. Inclusive, como no vamos a someter a la bici a tanto estrés (de andar en una pista o en la montaña), podemos prescindir de algunos componentes de estructura o tener algo más de peso, así es que las bicis de paseo muchas veces no tienen el caño que rigidiza la parte superior, haciendo el acceso más elegante, sin necesidad de levantar la pierna por encima del asiento y hasta, si el usuario quisiera, podría llevar puesta una falda larga como las de principio del siglo XX. De ahí que las bicis sin top tube sean conocidas como “de dama”, aunque yo creo que si nos prendemos a la moda del chupín o nos dedicamos a hacer re- partos, subiendo y bajando de la bici 20 veces por día, seguro nos convenga este tipo de cuadro.

Statu Quo
Con los años, los materiales y las tecnolo- gías de producción han ido evolucionando y hoy en día tenemos la posibilidad de fabricar cuadros más resistentes, de modificar su forma, agregarles amor- tiguadores para un paseo más suave o hacerlas más livianas, pero esencialmente el esquema de diamante se sigue manteniendo, sobre todo porque los humanos no hemos cambiado nuestra forma y porque como usuarios seguimos teniendo la misma idea de la bicicleta pese al paso del tiempo. Con otros productos pasa igual, como el auto y el teléfono, en donde quizás tecnológicamente el volante podría ser prescindible y no necesariamente tendríamos que llevarnos el teléfono a la oreja para que funcione, pero es más fácil para todos conservar el gesto, de modo que se siga identificando el producto y se entienda cómo se usa sin mayores instrucciones.

*Diseñador Industrial, Docente FADU-UBA, con- sultor en diseño estratégico y director de arte ExpoSBD2018.