Pedro Lambertini

Sutil encanto estético

Inseparable de la plegable inglesa naranja con la que recorrió 16 ciudades de Alemania para su último ciclo televisivo, el cocinero argentino ve a la bicicleta como el transporte urbano ideal.

txt. Diego Oscar Ramos | ph. Ariel Sabatella

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Tan fuerte es el encanto que tiene con su plegable Brompton, que el cocinero cordobés Pedro Lambertini la volvió coprotagonista de su reciente programa Alemania. Tradición y Sabores. Recorrió con ella 16 ciudades alemanas donde, además de dar su toque a típicos platos germanos, mostró su amor indisimulable por esa bicicleta inglesa de la que se enamoró a primera vista en Buenos Aires, cuando se la ofreció probar por un tiempo un amigo británico que tenía la idea de empezar a importarlas. Si bien aquel negocio no se concretó, y su amigo regresó a Inglaterra, desde entonces el vínculo entre este referente argentino de la cocina orgánica y su naranja compañera se hizo tan fuerte que mucha gente lo reconoce sólo si lo encuentra andando sobre sus dos ruedas. “Se me identifica mucho con ella y se convirtió en un objeto medio fetiche para mí y me encanta cómo se integra a mi vida, representando un mensaje que tiene que ver con mi cocina, que es natural y sana, características que se llevan muy bien con el hábito de la bicicleta”, dice el cocinero, antes de revelar por qué eligió hacer su último ciclo televisivo montado en su plegable: “Sentí que tenía que ir con ella, que es tan estética, me la figuraba en esos paisajes, por eso cuando vi cómo quedó el primer programa fue como estar en contacto con lo que ya había imaginado. PEDRO-LAMBERTINI-2807Es que en Alemania todo es tan prolijo, tan limpio, que me parecía que iba a quedar muy bien en ese contexto, tal vez en las sierras de Córdoba, donde ya hice otro programa, hubiera quedado ridículo, porque esta bici es muy urbana. En Alemania la sentí como un medio ideal para transportarme por sus ciudades, todas en general muy preparadas para las bicicletas”. Instaladísimo en el barrio de Belgrano, donde sueña poner un restaurant propio que le quede bien cerca de su depar- tamento, la comparación entre Buenos Aires y las ciudades alemanas parece inevitable en su charla ciclística: “Hay varias diferencias, primero diría que allá se respetan las leyes de tránsito, tanto para los ciclistas como para los peatones y los conductores de autos, mientras acá por momentos es riesgoso andar en bicicleta, por más casco que tengas. No está bueno andar por avenida Cabildo con el 60 que te pasa al costado”. De todos modos, el balance le parece positivo. “Siento que estamos en buen camino. Con las bicisendas esta ciudad está cada vez mejor para salir a andar, por más que aún escucho gente que está en contra y dice que ocupan mucho lugar, es el caso de personas que están muy atornilladas al auto”, comenta el chef y desanda el mito de la comodidad asociada al automóvil: “No lo concibo para nada como signo de calidad de vida, entiendo que lo uses en la ciudad si tenés una familia numerosa que transportar o vivís muy lejos del trabajo, pero tengo amigos que viven solos y tienen su auto. Es un transporte que no me parece nada cómodo ya que cada vez es más caótico el tráfico. Llegás más rápido a todos lados si lo hacés pedaleando”.
PEDRO-LAMBERTINI-28492Lo pone feliz el hecho de que se incentive el uso de la bici con medidas como el préstamo de bicicletas por parte del Gobierno de la Ciudad o que se pueda dejarlas por un precio módico en cualquier estacionamiento. “Son buenas iniciativas para que la gente adopte la cultura de la bici porque ya no hay más lugar para tantos autos, por eso creo que todos tienen que tener la suya, pero para usarla, no para balconearla”, dice risueño por el verbo que ha escuchado de más de un bicicletero que se da cuenta de que el gran mal que aqueja a unas cuantas bicicletas que le llevan es básicamente no usarlas. En su caso, cuenta el cocinero cordobés, no sólo no la deja nunca en su balcón, sino que “duerme” en su living, querida, cuidada y admirada: “La tengo al lado del sofá que también es naranja. A veces paso, la veo y decido darle una manito de grasa a su asiento de cuero. Si me paso en cantidad, la masajeo para sacarle un poco de lo que le quedó de más”. Lambertini se ríe nuevamente por la manera enamorada en que habla de su bicicleta. Y revela que ha tenido angustiantes pesadillas de que se la robaban, que le han hecho despertarse tenso. Eso sí, es imposible pensar que la dejará ni un segundo atada en la calle o incluso en lugares donde haya sitios específicos habilitados para dejarlas encadenadas, con alguien a su cuidado. Sabe lo que vale y cuánto la quiere. Inseparables, la suele llevar a donde va, como lo hizo en una reciente producción fotográfica sobre moda y gastronomía. El chef, además de probarse sofisticadas ropas, como lo hicieron otros cocineros convocados, posó junto a su bicicleta, dando rienda suelta a ese perfil estético suyo tan marcado. “Soy cuidadoso, pero debo decir también que acá no me visto como lo ha- cía en Alemania, soy más del jean, las zapatillas y el buzo. Y me gustan mucho los colores, por eso uso zapatillas amarillas o elegí tener una bicicleta naranja”, explica el cocinero y aclara que para él la estética es parte esencial de una bicicleta: “Tenerla linda brinda una buena imagen porque también es un accesorio y no sólo un medio de transporte”.PEDRO-LAMBERTINI-2710
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