Pedaleando en el aire

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Cuando andamos en bici estamos literalmente pedaleando sobre el aire. A pesar de las distintas alternativas que se vienen desarrollando hace años, el sistema de cámara inflable y cubierta sigue siendo el más popular y utilizado. Es bueno que sepas sacarle el máximo provecho para disfrutar de tus salidas y evitar algunos dolores de cabeza fácilmente evitables.

El inflador es básico
Un inflador es un accesorio sumamente accesible pero curiosamente no todos los que andan en bici tienen uno en su casa. Muchas personas no hacen esta pequeña inversión por varios motivos: porque tienen una estación de servicio en la esquina, porque suelen pasar frente a una bicicletería o quizás porque el amigo con el que salen a pedalear tiene uno en su bici. Es así que por un montón de motivos patean la compra de uno propio.
Lo cierto es que muchas veces el compresor de la estación de servicio no funciona, la bicicletería no está abierta en el horario en que necesitamos inflar o tal vez nuestro amigo no puede acompañarnos a pedalear. Así entonces algunas personas salen igual a andar en bici con las ruedas un poco bajas. “Total no pasa nada” se suele escuchar por ahí. Pero sí, pasan cosas.
Si pedaleamos con las ruedas bajas, las cubiertas se “achatan” contra el suelo y esto perjudica porque hay mayor superficie de rueda en contacto con el suelo, generando más resistencia al avance. En palabras más sencillas: pedalear se pone más duro y tenemos que hacer más fuerza para avanzar. Además, esto expone más superficie que la necesaria y eso incrementa el riesgo de pinchar con alguna porquería suelta que haya en el camino (vidrios, clavos y demás).
Por otro lado, las cubiertas tienen dibujos que no están creados al azar. Estos están pensados para trabajar de manera óptima de acuerdo a las presiones de inflado normales especificadas por el fabricante. Los dibujos proporcionan agarre y evacúan el agua (evitando el efecto de hidroplaneo… o digámosle patinar).
Por estos motivos te recomendamos que empieces a prestar un poco más de atención a cómo están tus ruedas al momento de rodar. Sin dudas vas a ver beneficiado tu pedaleo en gran medida, aunque vayas a pocas cuadras a comprar el pan. A continuación te dejamos algunos consejos prácticos.

Qué inflador comprar
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Hay una gran variedad de infladores, pero lo recomendable para tener en tu casa es uno de pie. Algunos vienen con manómetro (medidor de presión) que resulta útil pero no es indispensable. Los chiquitos de mano sólo te los recomendamos para llevar en salidas largas o como inflador de emergencia, ya que a diferencia de los de pie requieren bastante más esfuerzo para inflar y eso suele hacer que la gente prefiera salir a rodar con las ruedas bajas antes que ponerse a dar decenas de golpes de inflador hasta hinchar bien la rueda.

Las válvulas (o picos)
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Por último tenés que saber qué tipo de válvula tienen tus ruedas. Básicamente hay dos: las “de auto” que son gorditas y bajitas (válvulas Schrader) y las “de bici” (válvulas Presta) que son finas y altas. Hoy en día casi todos los infladores tienen picos reversibles que sirven de manera universal, pero por las dudas chequeá esto antes de comprar.

Cuánto aire ponerle a las ruedas
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Si mirás los laterales de las cubiertas que tiene tu bici, vas a encontrar ahí el dato de la presión que llevan. Verás (entre otra información) dos números que indican un rango entre presión mínima y máxima, generalmente expresado en dos medidas diferentes: BAR y PSI.
Es bueno que al menos alguna vez puedas inflar las ruedas con un medidor de presión, ya que a partir de ahí vas a conocer qué tan duras o blandas tenés que llevar las ruedas. Luego, conociendo tu bici vas a poder hacerlo al tacto aunque no tengas cómo medirlo.