¡No te olvides de la bici!


Mayormente en primavera, muchos padres nos traen al taller bicis de sus hijos para arreglar.
Bicis agotadas de haber pasado un invierno en una terraza, un balcón o un patio; tapadas de óxido, totalmente en llantas y a veces hasta con las cubiertas podridas.
Después de una primera mirada rápida a esas pobres bicis, nos tentamos a decirle a los papis:
¿Te olvidaste, no?
¿Te olvidaste la sensación del primer vientito en la cara?
¿Te olvidaste de esa magnífica sensa- ción de libertad?
¿Te olvidaste lo importante que era la bici cuando tenías la edad que hoy tiene tu hijo?
¿Te olvidaste del primer «de esquina a esquina»? ¿Y de las primeras vueltas con amigos?
¿Te olvidaste que la bici te acompañó mientras reías, llorabas o cantabas y gesticulabas como un loco?

Es difícil olvidar esos momentos, por eso queridos papis, es ahora cuando tenemos la enorme posibilidad de enseñar a nuestros hijos a cuidar semejante invento que nos ayuda a reafirmar nuestra libertad.
No permitamos que tomen como ejemplo que la bici la dejamos en cualquier lugar, como si no nos importara o, peor aun, como si estorbara. Enseñémosles a cuidarla, acariciarla, quererla; enseñémosles que se llama bici porque tiene dos ruedas pero que es mucho más que eso.
Muy probablemente, en bici nuestros hijos conozcan amigos de los mejores, así como lugares y velocidades; y es muy posible que la bici los acompañe a estudiar, a trabajar…
Tal vez algunos tengan la suerte que tuve yo de conocer el amor gracias a la bici o, mejor aun, ojalá tengan la suerte de llevar a su pareja en los pedalines.
Aprovechemos para enseñarles a valorar las herramientas por sobre los objetos. Enseñémosles que andar en bici es como la vida, que podemos vivir momentos increíbles pero que también debemos hacer un esfuerzo (pedalear).
Enseñémosles a que siempre será mucho mejor lo práctico por sobre el estatus. La bici es independencia, es el único vehículo que sin darle la atención que se merece sigue andando igual; es la forma más clara de demostrar que no importa si somos millonarios o pobres, siempre es la mejor opción para movernos.
Las publicidades de autos las hacen de noche o en calles poco transitadas para hacernos creer que movernos en auto es así, pero eso es mentira. En cambio, la mayoría de las personas que ves en bici por la calle van sonriendo, y esa sí es la mejor publicidad. Enseñémosles a nuestros hijos a limpiar su bici; seguro serán mejores personas.
A los mecánicos de bicicletas no nos gusta que nos traigan bicicletas abandonadas, con óxido, en llantas, con partes faltantes. Lo que sí nos gusta es que vengan para que les saquemos las rueditas o para subir el asiento porque el niño ya creció. ¡Dale! ¡No te olvides de la bici!

Por Ricardo Tilve Guerra: Ciclista y lleva adelante la bicicletería del barrio porteño de Villa Urquiza, Buda Bikes: @budabikes