Nicolás Pauls

El tiempo real

De reconocida militancia pública por el paradigma vegano, el actor y músico ve en la bicicleta al medio de transporte ideal para el cambio de conciencia que el mundo está precisando.

Por Diego Oscar Ramos

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Hay algo natural en Nicolás Pauls que lo vuelve una persona cercana, accesible, al mismo tiempo que mantiene una leve distancia, que parece protegerlo, en su mundo íntimo. Tal vez esa mezcla sea parte de un magnetismo suave que hace que desde hace años se lo convoque una y otra vez para actuar en películas o conducir programas de televisión, aunque su vocación inicial esté en la música. Con placidez, a la vera del Río de la Plata, pocas horas antes de partir desde la zona norte de Buenos Aires, donde vive, hacia los estudios de la TV Pública donde conduce el ciclo diario Vivo en Argentina, Pauls hablará con entusiasmo sobre la bicicleta como medio de transporte clave para llegar, poco a poco, a un cambio en la conciencia de la humanidad. “Para mí la bicicleta le da otro valor al tiempo, empezás a tener una noción diferente que tiene que ver con el tiempo real”, dice, antes de entrar en un silencio de varios segundos, que se vuelve puerta de una reflexión de palabras justas. “Siempre tengo distintas apreciaciones sobre lo que es el tiempo y muchas veces esa idea va cambiando, pero con la bici obtuve otra mirada, relacionada con el tomarse el tiempo para hacer las cosas”, expresa, al emerger de su pensamiento, con los ojos un poco más abiertos. _MG_3510Entonces cuenta que el hecho necesario de calcular un lapso temporal preciso para llegar pedaleando a algunos lugares lo llevó a una percepción global más atenta. “Con el automóvil, si te atrasás al salir de tu casa sólo tenés que acelerar  siempre que el tráfico te lo permita pero en la bicicleta, aunque puedas ir más rápido, no se genera lo mismo. Lo que hay que encontrar al andar en realidad es un ritmo, un equilibrio adentro tuyo, como pasa con la respiración cuando corrés”, reflexiona quien suele tocar la batería en la banda Horizontes, uno de los ámbitos de expresión personal que seguramente han incidido en sus nociones sobre el tiempo y sus complejidades.
Y ha sido en etapas de tocar o ensayar mucho, viviendo aún en la ciudad de Buenos Aires, cuando más se ha dado su afición ciclística continuada, en épocas donde sus compañeros de proyectos musicales lo veían llegar cargando el bombo de la batería a bordo de su bicicleta, el medio de transporte constante para él durante esa fase. “Hace 10 años, cuando no existían las bicisendas, había que encontrar las rutas para evitar el tránsito más pesado, los lugares más peligrosos, porque no había conciencia del conductor de autos sobre el ciclista, lo que ahora se está empezando a revertir, para que todos vivamos un poco más armónicos. Hay que cambiar la mentalidad para que en la ciudad podamos convivir todos”, comenta Pauls. Y confiesa que siempre ha adorado el andar solo en bicicleta, sobre todo en plan de libre vagabundeo urbano y más aún en compañía de la noche, una rutina de limpieza mental que disfrutaba en aquel tiempo épico como pedaleador full time. _MG_3478Hoy es su hija mayor, de siete años, la que le pide como gran paseo el conocer las sendas ciclísticas porteñas, para disfrutar juntos de un pedaleo que en el presente tiene un tanto relegado. Al menos eso le pasa en el viaje diario a su trabajo televisivo, que hace en auto, pero trata de usar la bici en todo desplazamiento que se dé cerca de su casa. Eso sí, la intención, cuenta, es amplificar progresivamente estos usos, porque siente que la bicicleta se alinea a la perfección con el paradigma vegano que abraza pasionalmente como forma de vida centrada en hábitos saludables. “La bicicleta, como nadar, me lleva a meterme conmigo casi como en una meditación, porque vas sin urgencias, la forma que más me gusta adoptar en medio del delirio en que vivimos”, asegura. Y luego de un silencio, brevísimo esta vez, encuentra una paradoja y la ofrece sonriendo: “La bicicleta te permite meterte para adentro e ir también hacia un lugar”. En ese sentido, siente que las actividades que le requieren una concentración que lo relaja son una contrapartida, posible de adoptar masivamente, a la aceleración mental y física que se da en las grandes ciudades. “Cocinar, jugar un partido de fútbol, nadar, andar en bicicleta”, menciona Pauls como actividades pacificadoras del espíritu, que practicadas con todos los sentidos involucrados pueden ir cambiando la mente de todo individuo dispuesto al cambio. “Es el movimiento, eso es lo que nos hace felices”, lanza casi como mantra el actor, antes de reconocer que toda transformación lleva su proceso y que la felicidad es en sí misma una vía de acceso directo a ese estado de lo humano que añora. En su caso, además de la ética del moverse como forma de bienestar, el eje fuerte de su trabajo interno pasa por una alimentación orgánica, integralmente vegetal, consciente, que requiere respetar también los tiempos que se le da al comer. Ha llegado a parar rodajes porque directores o productores pretendían extensiones de la jornada pasando por alto las pausas naturales para comer._MG_3503 Con total certeza y su voz más enérgica, da cuenta entonces de ese tipo de reacciones que considera parte importante de un compromiso ecológico y vital: “Hay que trabajar mucho para desarmar cosas que a lo largo de la historia nos han dicho que eran de una forma, cuando hay otras maneras que nos hacen mucho mejor. En esto, voy armando mi propio patrón de vida. Y al igual que con la bicicleta, lo que más hago es buscar el camino por donde realmente quiero ir”. En más de un sentido, pareciera que toda esta búsqueda la hubiera comenzado a vivir el día que aprendió a andar en una bici sin rueditas, de muy niño, cuando tuvo que poner en práctica su instinto de equilibrio al instante en que sus padres decidieron soltarlo para que anduviera solo: “Me llevaban de atrás y en un momento sentí que el peso de la bicicleta era distinto. Nadie me estaba agarrando. Y sentí una libertad total”.

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