Mitos y verdades sobre el ciclismo urbano


*Por Maru Rubín

De ser peatón a ciclista urbano hay un gran salto de voluntad. Muchas veces compañeros o conocidos, asombrados por lo que ellos ven como una gran hazaña, que para nosotros es mera rutina, nos asaltan con preguntas sobre cómo se sobrellevan los supuestos contratiempos del ciclista.
El objetivo de esta nota es desmentir algunos mitos sobre el ciclismo urbano y, en el mejor de los casos, ayudar a algunos indecisos a tomar el impulso para largarse a la calle. A continuación, algunas preguntasfrecuentes y sus respuestas.

¡Ah! Pero yo nunca podría hacer tantos kilómetros
Pedalear es, ante todo, un ejercicio. Se empieza de a poco y se va ganando destreza. Leer con fluidez también cuesta años de práctica y, sin embargo, nos encontramos leyendo esta nota. Con esto quiero decir que si tenés que hacer 10 kilómetros en bici quizás la primera vez no llegues. Empezá pedaleando a lugares más cercanos o haciendo escalas y un día sencillamente largate. Si temés no llegar, optimizá las condiciones: intentalo un día que cargues poco peso, ponelo en el portapaquetes o en el canasto y llevá agua. La mayoría de la gente trabaja a 10 kilómetros o más, eso no debería ser el punto de quiebre.

¿No tardás mucho tiempo?
En general, la ciudad es lenta independientemente del medio de transporte que uses. Y la experiencia indica que, dependiendo de la hora y la zona, vas a tardar o lo mismo o menos si te trasladás paseando en bici que si lo hacés en transporte público ¡imaginate si sos rápido!

¿No llegás todo sudado?
En general, no. En verano sudás lo mismo arriba de un colectivo. En invierno, depende. Con el tiempo el cuerpo se acostumbra al ejercicio y sudás menos. Pero si el código de vestimenta o tus estándares de limpieza te lo exigen, siempre podés llevarte una remera o camisa en la mochila y cambiarte al llegar a destino.

¿No es muy peligroso?
Con la práctica se pierde el miedo y se aprende qué calles son mejores o peores para circular. Por otro lado, la ciudad de Buenos Aires está llena de ciclovías que facilitan la circulación. Esa es una buena forma de largarse. También ayuda hacerse un mapa de calles (arterias) interiores para evitar las más transitadas. Muchos ciclistas avezados, sin embargo, prefieren las avenidas que te permiten tomar velocidad y suelen tener menos pozos.

¿No hay más chances de que te roben?
Supongo que eso depende de por dónde pedalees. Yo como mujer me siento más segura pedaleando de Once a Saavedra que esperando sola en la parada del colectivo y caminando a las corridas de la parada a mi casa.

¿Y qué pasa si pinchás?
Para eso es bueno tener ciertas medidas de precaución: saber emparchar, cambiar una cámara y llevar un inflador, unos desmontadores de cubiertas y una cámara de repuesto; o bien tener visualizadas las bicicleterías de la zona o alguna que otra gomería o estación de servicio, para salir del paso.

En resumen, siempre hay cosas que nos asustan a la hora de cambiar un hábito. Pero eso no debería ser suficiente para dejar de hacerlo. Los ciclistas no cambiamos la bici por nada, al punto de que muchos nos tratan de exagerados. Quizás sea porque realmente es una experiencia placentera: salir del trabajo y pedalear al ritmo que necesitás hasta tu casa, que te pegue el viento en la cara, dar vueltas sin rumbo y olvidarse del transporte público. Porque para los ciclistas no hay nada más lindo que andar en bicicleta. Ahora sí, te invitamos a que te lances a las calles de la ciudad y corrobores estas respuestas.

*Maru Rubín: Ciclista urbana, escritora y filósofa