Martín Buscaglia

Alces, auriculares y bicicletas

Es seguramente el músico más explorador que dio el Uruguay en la última década. Amante de la música, las palabras, las ideas y la intensidad, ha encontrado en el mundo ciclístico el centro más virtuoso de sus intereses. Bienvenidos al pensamiento biker de Martín Buscaglia.

por Diego Oscar Ramos

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   Pocas cosas hay tan placenteras como refrescar percepciones que fueron muy propias cuando todavía no le agregábamos tantos pensamientos al disfrute de estar vivos. Y si a esta sensación le agregamos una música que una swing con levedad, quien se nos aparecerá seguro será Martín Buscaglia arriba de una de sus bicicletas, con los auriculares puestos, cantando una celebración a las dos ruedas que aunque pertenezca al video de su tema Oda a la bicicleta, bien puede sentirse como propia. Lo curioso de la canción de este gran músico del Uruguay más entrañablemente experimental es que fue compuesta arriba de este medio de transporte que llega a definir como “la osamenta de un ciervo del futuro”, impactada su imaginación con la forma del manubrio de su actual bicicleta. 

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   Sólo este afecto público al “brillante corcel”, en su disco de 2010 -Temporada de conejos- podría volver interesante hablar con el compositor uruguayo sobre el universo biker. Pero como todo en este mago humilde presenta una apariencia simple y realidad de niveles múltiples, empecemos este juego de la curiosidad conociendo el origen de la canción: “Surgió de la premisa de componer mientras se estaba viviendo el momento al cual la letra de la canción iba a referenciar, por ende, solamente podía hacer una canción sobre andar en bicicleta, andando. Una vez aparcada, el dogma me impedía continuar trabajando la melodía o la letra, todo quedaba latente hasta la próxima vez en que montase”, cuenta Buscaglia, artista que suele darse marcos aparentemente rígidos que acaban brindándole oportunidades de generar una obra libre. Esta regla, asegura, le dio un aire heroico al proyecto musical que se completó con un video cuya idea surgió de una charla con su amigo “agitador cultural rosarino” Dardo Ceballos, que se pudo implementar con el apoyo de la publicación web española Los Anillos de Saturno. “Le pedimos a la gente que nos enviara videos andando en bicicleta cantando la canción y enviaron montones, desde todas partes del mundo, de El Salvador a Bélgica, de Estados Unidos a Guinea. Fue muy emocionante, tanto la hechura y recolección como el resultado”, cuenta y recuerda que la canción fue hecha himno por movimientos pro ciclismo que incluyen la Masa Crítica brasilera. La canción, también se usó en Argentina para una publicidad de polenta, donde dos niños se expresan su enamoramiento. “Una canción debe estar capacitada para resistirlo todo, me gusta que sean Survivor”, dice el compositor. Y recuerda que hasta Bob Dylan aceptó entrar en la industria de la publicidad y cuenta que en Chile supo de un par de parejas que se casaron con otra obra suya que se usó para musicalizar publicidad. Y si Jorge Drexler también tuvo en Me hacés bien su canción de TV, vale reconocer que los dos temas terminaron siendo eje de muestras de afecto. “La música, como la bicicleta, crece contigo”, dirá Buscaglia para extender ese amor que se le tiene a todo lo que acompaña las búsquedas vitales.

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   También el músico supo estar en la publicidad, pero como actor, cuando era niño. Y no de cualquier producto, sino de bicicletas Ondina, en un aviso donde recorría un bosque junto a una familia “ficticia”. Esa marca sería la de su primer bicicleta, regalo de reyes magos, que reconoce como una gran compañera de aventuras: “Primero al dar vueltas a la manzana solo y luego de más grande al tirarnos con mis amigos desde una calle muy empinada que había en la esquina de casa, donde alcanzábamos altísimas velocidades, en una época de pocos coches en la calle, lo que ahora sería imposible o declarado deporte extremo”. Ya en esa época, recuerda que otras marcas poderosas en Montevideo eran, además de Ondina y Graziella, también Flecha o Gamo. “Esas son dos buenas palabras para definir el espíritu de una bicicleta, comparten eso de llevarte raudo y de hacerte uno con la naturaleza”, dice Buscaglia. Y se puede agregar que en Gamo, nombre de un tipo de cérvido mayor que el ciervo, aparece no sólo la referencia a la animalidad sino un anuncio de la bicicleta que tiene en el presente, luego de haber pasado por una Fiorelli blanca sin cambios muy liviana con la que hasta trabajó de cartero. “Tengo una Jazz violeta, con un manillar enorme y ancho, que semeja una cornamenta de alce del tocado del chamán de una tribu”, dice el músico y cuenta que está pensando en venderla, seducido por las actuales plegables. La razón es precisa: “Liviandad es lo que busco. Montevideo tiene muchas subidas y bajadas, hay que tener eso en cuenta”. Para terrenos más llanos dice que prefiere “las viejas bicicletas inglesas de paseo”. 

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   La imagen del recorrido gozoso lo lleva a tiempos juveniles de músico de cruceros, donde tuvo sus deslumbres visuales, de “paisajes hermosos, acantilados, playas y poblaciones rastas”, andando en mountain bike, en tiempos de descanso, por islas caribeñas como Barbados. Tal vez precise volver allí, si es que el sitio inspire alguna regla compositiva, para terminar una canción inconclusa de aquellos tiempos, que hablaba de un encuentro con el mítico Eddy Grant. Sea como sea, lo que es seguro es lo que siente hoy sobre el vínculo entre la bicicleta y lo ecológico, no solo en cuanto al cuidado del entorno, sino como una fuerte conexión con lo interno: “La bicicleta se desplaza al ritmo de tu mente, es el vehículo que más se acompasa a los pensamientos, a la inspiración, la reflexión, la evocación y la meditación en movimiento. Estoy seguro que Li Po o Lao Tsé hubieran amado las bicicletas”.

Aca el video de Oda a mi bicicleta: