MART

Mágico mundo

En su universo lúdico y onírico, la bicicleta es uno de los objetos que más representa la obra de este referente mundial del arte callejero argentino. untitled-shoot-_MG_1510-2
txt: Diego Oscar Ramos, ph. Ariel Sabatella, video. Isabel Garcia Amuchástegui.


Si dibujar y andar en bicicleta pueden llevarnos a percepciones de la infancia, debe dar gran felicidad vivir como artista plástico de una obra que tiene a la bicicleta como uno de sus objetos más representativos. Y realmente se lo percibe feliz a Martín Lucas Florio, artista que bajo el pseudónimo de Mart, empezó a los 12 años a pintar graffities, siendo hoy día uno de los referentes del más singular street art argentino. A sus 27 años, aunque siempre experimenta con materiales y procesos, parece haber dado con un estilo reconocible, muy personal, que imanta la vista con personajes estilizados que parecen salidos de sueños reconfortantes, muchos de ellos montados en bicicleta. Y si bien muchas veces se las asocia con su obra, asegura que las comenzó  a dibujar sin habérselo propuesto, incluso hace un par de años trató de dejar de pintarlas. untitled-shoot-_MG_1434“Me agarró miedo de quedar ligado a un ícono que no busqué, pero no pude dejar de dibujarlas, aunque lo empecé a hacer desde un lado más consciente, cuando acepté que esto surgió sin que lo buscara”, dice Mart. Y cuenta que esta conexión nació en el 2009, una noche en la que estaba trabajando con un grupo de artistas urbanos en una habitación de lo que había sido el histórico Patronato de la Infancia. “Me preguntaba qué habría pasado ahí, qué habrían vivido los chicos internados y en ese interín dibujé dos círculos gigantes, después me senté y al rato me di cuenta de que tenía que hacer una bicicleta”, cuenta el artista plástico, aún un tanto sorprendido ya que aquella imagen terminó representando la muestra integral de aquella intervención estética. “Ahí surgió todo lo que vino después. Sentí que había dibujado la sensación de libertad que experimentaba en mi infancia cuando andaba en bici”, cuenta Mart y acepta que lo que hizo en ese momento, pintar una imagen alegre a pesar de haber sentido cosas tristes, fue muestra viva de un carácter luminoso que está presente en toda su obra.

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“No tengo un conflicto conmigo mismo como para depositarlo en lo que hago, más bien prefiero ver cómo ayudar desde mi lugar”, cuenta el artista. Y reconoce cómo lo seduce pintar bicicletas: “No es lo mismo dibujar una bicicleta que un par de lentes, porque andar en bici forma parte de una actitud de autosuficiencia, de no depender de nadie, ni del transporte público, ni de un combustible que tenés que comprar, es un objeto que tiene vida propia”, dice Mart y piensa que el aumento de ciclistas en la ciudad no sólo le aporta más belleza, sino conciencia de la necesidad de un trato respetuoso entre todos los que forman el tránsito: “Estamos aprendiendo a convivir, lo de la bicisenda se impuso muy de golpe pero irá evolucionando hacia un lugar sano si cada uno de nosotros está atento con el otro, algo que ya empiezo a notar. Poco a poco hay una comunicación mayor entre el ciclista y el automovilista.” Ante la declaración, el artista callejero recuerda que en el 2006 había hecho un dibujo donde, junto a una bici, había escrito una frase:  “Cuando esté de moda ser respetuoso”.  Es ahora, reconoce Mart, cuando estamos más cerca de lograr ese ideal de trato, en una época en que la bicicleta está de moda, hecho que ve como bueno: “No nos olvidemos que las decisiones de marketing las toman personas que pueden estar sensibilizándose, al darse cuenta de que necesitamos respirar aire puro, tomar agua, comer sano… todo esto es un despertar esperanzador”.
untitled-shoot-_MG_1469Si bien ha practicado disciplinas como el yoga y reconoce el valor de la meditación, Mart cree que en la ciudad la bicicleta es casi la mejor aliada para mantenerse en un estado positivo de conciencia. “Andar en bici es una meditación más acorde a nuestro tiempo, implica una especie de evolución humana”, afirma y cuenta que parte de su felicidad presente está en poder sustentar con su obra tanto materiales para trabajar como una bici rodado 29 con la que los transporta desde su casa al taller. Claro que extraña un poco a su bici histórica, una que hizo pintar con los colores que más usa en su pintura, entre ellos el amarillo y el turquesa. Con ella agudizó, en años de mayor agitación mental, otros sentidos, ya que solía cruzar la ciudad a gran velocidad, guiado más por el oído que por la vista. “En un momento no sabés cómo te estás moviendo pero calculás todo”, revela con cierta picardía, disfrutando de hablar de la habilidad que lo hacía armarse mapas mentales del tránsito prestando atención a los sonidos. En este momento en el que ya ha expuesto murales y pinturas en festivales y galerías de América Latina, Europa y Estados Unidos, se encuentra más calmo. Pero siempre permanece en él, asegura, un deseo eterno de vivir en esa libertad que apreciaba a sus 10 años, cuando sus padres lo dejaban hacer larguísimos paseos en bicicleta. “Cada vez que crezco quiero ser más chico”, confiesa risueño y recita una frase del poeta Friedrich Hölderlin: “Y que así el hombre mantenga lo que de niño prometió”. Por su relajada expresión, es casi evidente que Mart está cumpliendo con la promesa que de niño cultivó.FRASE-BAIKER-7--MaRt

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