Los pedales automáticos: también en la ciudad

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Para quien todavía no lo sepa, se llama pedales automáticos a aquellos que tienen un sistema para enganchar al calzado por la base del mismo. Sí, es un nombre extraño ya que no significa que se muevan solos ni mucho menos. Incluso su nombre más popular en inglés (clipless pedals) también es curioso porque parecería indicar lo contrario a lo que son.
Traen un beneficio importante para quien se anima a usarlos, ya que con ellos se aprovecha mucho más la energía del pedaleo. En primer lugar esto pasa porque al hacer el enganche el pie queda firme en la posición ideal para empujar hacia abajo. Por otro lado, cuando regresamos el pie hacia arriba este tira del pedal aportando una energía extra. Quizás no tengan mucho sentido en recorridos cortos, pero para quien vive lejos del trabajo o hace varios kilómetros por día, estos pedales hacen la diferencia.
Se tienen que usar con un calzado especial que se adapte a ellos. Es por eso que todavía mucha gente sigue asociando su uso exclusivamente con el ciclismo de competición y sus respectivos modelos de zapatillas. Pero hoy en día existen productos para el cicloturismo e incluso para el uso urbano. Estos tienen dos características muy prácticas: una estética que les permite estar a tono con nuestra vestimenta habitual y una suela no tan rígida (a diferencia de los de competición) para poder caminar más cómodos cuando no estamos pedaleando.

Cómo iniciarse
El miedo más común de quien todavía no usa automáticos es el de no poder desengancharse y caer de la bici. Es bueno saber esto desde un principio: caer, nos vamos a caer en algún momento… le pasa a todo aquel que está aprendiendo. Lo bueno es que esas caídas son comúnmente a muy baja velocidad, justamente cuando hay que bajar el pie para detenerse. Por lo tanto, se trata generalmente más que nada de caídas graciosas de las que hay que aprender a reírse y perderles la vergüenza.
Otra cosa que hay que saber es que la firmeza con la que se ajusta el pedal al calzado es regulable. Así que aquellos que recién estén empezando pueden llevarlos más flojos para que con cualquier movimiento del talón los puedan desenganchar (esa es la forma de soltar el pedal). Después irán incrementando la tensión del resorte, pero esto ayuda a los principiantes a ganar confianza.

pedal-automatico¡Los temerosos pueden!
Para quienes no se animen a largarse de una, existe una buena técnica de aprendizaje progresivo que es la siguiente: antes de instalar los automáticos, practicar con los comunes haciéndonos el hábito de girar el talón antes de quitar los pies de los pedales. Hacer esto por varios días hasta que nos formemos el hábito. Recién entonces ponerle los automáticos a la bici y ajustar la tensión al mínimo. Por último, tratar de que las primeras salidas sean sobre tierra o pasto corto para tenerle menos miedo a una probable caída. ¡Y listo! Cuando menos nos demos cuenta ya estaremos usando pedales automáticos.

Precauciones urbanas
En su uso para la ciudad es recomendable tener especial cuidado, ya que a diferencia de la ruta son muchas más las veces que tendremos que detenernos (incluso de repente). Si el tránsito se pone muy cargado o percibimos que durante un trayecto vamos a necesitar engancharnos y desengancharnos muchas veces, entonces es una buena idea pedalear sueltos.
Existen en el mercado unas plataformas plásticas muy útiles que se enganchan en los pedales automáticos y los adaptan a una doble función. De un lado del pedal queda libre para su uso como automático y del otro lado tendremos un pedal común para cuando no queramos ir enganchados. Vale la pena probarlas, en especial quienes circulen mayormente por la ciudad.