Las mil y una noches: La ruta del falafel

Por Gustavo Almada*

Amigos, bicicletas, rodadas veloces en calles sin autos, una noche primaveral, un menospreciado miércoles que suele ser una escala hacia el ansiado fin de semana. Todo coincide en un instante fugaz y la idea surge espontáneamente, hoy se pedalea.

No hacen falta invitaciones especiales, con solo un posteo escueto en el Aleph de nuestros días (Facebook) que reza: “Hoy 20 hs hacemos La ruta del falafel. Son todos bienvenidos”, recluto a la tropa.


Cuando era chico, escuchar el título Las mil y una noches, me transportaba inmediatamente a un mundo mágico, en definitiva, de eso se trata esa fantástica recopilación de cuentos e historias de Medio Oriente. Si bien esta noche no se harán presentes Simbad el Marino, Scheherezade, Aladín, ni Ali Baba y sus dudosos amigos, la idea es hacer un recorrido en bicicleta por los principales lugares de comidas típicas de la gastronomía Árabe, buscando el santo Grial de la comida de Medio Oriente: el falafel.
Técnicamente hablando, el Falafel es una croqueta de garbanzos y/o habas que se come al plato junto a una ensalada de repollo y salsa a base de yogurt, o bien en su versión sándwich, dentro de un pan pita, rodeado de trozos de carne, humus y ensaladas típicas. Es uno de los platos más difundidos del Medio Oriente y se a extendido al mundo occidental de la mano de la inmigración.

Las alfombras mágicas (esta vez con pedales) están listas y parten en su vuelo seductor hacia el mundo de las delicias gastronómicas de una de las colectividades más importantes del país.

La Ruta Mágica y Misteriosa
Los 5 exploradores partimos desde el barrio porteño de Colegiales en busca del primer check point:


HAYSAM (Av. Federico Lacroze 3228): es un lugar relativamente nuevo en el barrio, pero la historia y origen de su dueño aseguran algo propio de este mundo mágico. El local es chico, agradable y acogedor, con un salón en el fondo y una entrada ideal para el stop and go. Tiene mesas la calle –ideal para tener la bici cercay venden bebidas alcohólicas; vale la aclaración ya que en muchos de estos lugares no se vende alcohol por preceptos culturales y religiosos. Saboreamos el primer falafel de la noche con el infaltable humus y continuamos la larga marcha. Nos zambullimos inmediatamente en la gran garganta del túnel de la Avenida Lacroze que nos acerca rápidamente hacia a nuestro nuevo check point.
AL-ZEIN
(Arce 488): ubicado en pleno barrio de Las Cañitas este lugar creció mucho en los últimos años, lo que es sinónimo de su buena atención. Con salón comedor en la calle Arce, y delivery y take away a la vuelta, en Ortega y Gasset. No se venden bebidas alcohólicas, lo que asegura tradición cultural de la colectividad árabe. Hay lugar para atar bicis en la vereda.

Para llegar al próximo destino, y ya que se encuentra en el camino, vamos por Avenida Bullrich para observar en la penumbra de la noche la gran Mezquita del centro cultural Rey Fahd. Les recomiendo las visitas guiadas al lugar para conocer el interior de la mezquita más grande de América.

DEMASK (Charcas 3816): bajo una frondosa arboleda de la calle Charcas, un local pequeño con delivery y mesas en la calle. Es el ideal para hacer un descanso. Nada de alcohol y un buen menú para tentarse con tabule, kepes, shawarmas y falafel en sus dos típicas versiones: al plato o en sándwich.

Momento de charla entre amigos ciclistas donde obviamente no se habla más que de bicicletas, hasta que la necesaria obligatoriedad de continuar con la ruta nos saca de nuestra agradable discusión. Tomamos Scalabrini Ortiz, que para algunos nostálgicos (por no decir señores mayores) seguirá siendo Canning.

CARTAGO (Scalabrini Ortiz 1803): no piensen en sentarse en este lugar si es de día ya que el tránsito nos hará recordar el ruido automotor durante varios día. Es un lugar ideal para retirar el almuerzo o cena y, para los meticulosos previsores, hacerse un aprovisionamiento de delicias árabes para la semana.

ARMENIA S.R.L. (Av. Scalabrini Ortiz 1317) y DAMASCO (Av. Scalabrini Ortiz 1282): panaderías y confiterías árabes. Soy adicto a los dulces, lo reconozco, aunque por suerte soy ciclista y puedo aducir la necesidad de glucosa para hacer más leve la condena familiar de consejos en que vivo sometido. Un ciclista puede consumir 3000 calorías al día con un buen entrenamiento diario. Por lo tanto, pueden pasar por este lugar a equilibrar la pérdida diaria de glucosa y saborear unas deliciosas Shamali, Mamul, Baklava, dedos de novia y las infaltables frutas secas.

FALAFEL ONE (Araoz 587): no puedo opinar sobre esta parada salvo por las recomendaciones de la web. Al llegar a este punto y siendo las 22.30 hs, el lugar estaba cerrado. Misterio del Medio Oriente u horario acotado. Les paso la posta para que continúen con la investigación.


SARKIS
(Thames 1101): si bien es un histórico de mis noches hambrientas y lujuriosas, para un ciclista de ley tiene la complejidad de hacerlo sufrir al no poder ver si su extensión del alma sigue atada en la calle. Eso es algo que no me deja comer tranquilo, pero calma, hay un estacionamiento a media cuadra. Sarkis nos asegurara una hora de espera en la vereda antes de poder zambullirnos en su interior, donde todo es una fiesta, la mejor comida, un falafel de lujo (mi favorito) y, al ser un restaurante Armenio, hay vino y cerveza. Y en ciertas ocasiones, hasta es posible tener la oportunidad de que una agradable y misteriosa señora nos lea la borra del café. Pasamos por la puerta y con un saludo triste nos alejamos para completar el recorrido en tiempo y forma.

KOK KON (Honduras 5799): dejamos atrás los típicos restaurantes de la colectividad para llegar a Palermo y que la modernidad nos golpee el pecho. Aquí los tradicionales platos tienen una vuelta de tuerca y se nota la mano de un chef profesional con ganas de investigar y presentar nuevas versiones de platos tradicionales. El ambiente cambia y el gen palermitano acompaña. Fin de la ruta.

Pistear como un campeón porvenida Córdoba desierta y luego por su alteración cósmica de la Avenida Álvarez Thomas, es un final mágico para este grupo explorador luego de concluir esta ruta. No develaremos el resultado del veredicto de nuestro honorable jurado en cuanto al mejor falafel del condado, preferimos invitarlos a que salgan una de estas noches con amigos ciclistas que no necesiten una invitación formal.


*Ciclista y propietario de la bicicletería LordBike: lordbike.com.ar. Escribe en blog.lordbike.com.ar