Las liebres van en piñón fijo

Un cruce de Los Andes en bicicletas de piñón fijo. 200 kilómetros. 22 integrantes de 5 países. Mucha diversión y un infortunio.

Txt: Nicolás Montemurro | Fotos Clara Olivero y Nicolás Montemurro

Yo habré trabajado dando clases de física y matemáticas, pero en el mundo real hay fórmulas que resultan incalculables. Por ejemplo, ¿qué pasa si mezclás 22 ciclistas de Brasil, Argentina, Uruguay, Colombia y Chile con la cordillera de Los Andes en una especie de caravana-viaje de egresados? ¿Y si encima pretenden cruzar en bicis de piñón fijo, con varias de ellas sin frenos? ¿Y si a ese cóctel le tirás arriba toda la fiesta posible y lo mechás con un derrame pleural y un pedido de captura? Imagínense la cantidad de escenarios posibles… Yo agradezco haber vivido el que me tocó de la mano de los hermanos de La Liebre Fixed.

Este viaje en realidad es la continuación de otro que comenzó en el 2015, cuando cruzamos por primera vez sin ningún tipo de idea de cuán difícil iba a ser o si íbamos a poder llegar. En aquel momento fuimos sólo tres argentinos y a puro portuñol tudo o tempo forjamos vínculos que tres años después continuaban sólidos. Tantas situaciones de vulnerabilidad extrema conllevan otras tantas emociones en juego, y lo lógico es que al finalizar el viaje te quedes con la sensación de haberte reencontrado con amigos de toda la vida.

En esta ocasión, y para desmitificar eso de que las segundas partes nunca son buenas, el desafío fue mayor. Comenzaríamos a pedalear en Las Vegas, Mendoza, con dirección a Las Cuevas, la última población del lado argentino y cumbre de nuestro ascenso. El desafío original contemplaba 150 kilómetros, predominantemente en subida, con un desnivel acumulado de 3700 metros, para alcanzar una altura absoluta de 3200 msnm, pero finalmente contabilizamos un total de 200 kilómetros. El Zonda nos sopló la cara desde el minuto cero amagando una tregua que nunca llegó. El pelotón se fue estirando de a poquito hasta alcanzar una hora y media de diferencia entre la punta y la cola. La llegada mágica, el Aconcagua, nos dijo hola y chau. Desde ahí continuaríamos del lado chileno por una bajada extrema hasta Valparaíso, pasando por los temibles Caracoles y continuando por una ruta descendiendo al mejor estilo Nibali por túneles llenos de cráteres. Pero la tentación de ir a correr un alleycat en Santiago y el estado de salud de uno de los miembros del equipo nos hizo cambiar de rumbo a la altura de San Felipe, donde Internamos a Gabriel en el hospital interzonal. Mientras escribo estas palabras sé que sigue ahí, intentando recuperarse de una infección que le tomó todo el pulmón derecho. Ya no tiene tanto miedo como el primer día, me dijo, incluso estuvo pedaleando en una bici ergométrica para ayudar a sus pulmones a drenar la colección líquida que los rodeaba. ¡Qué mágico!, pensé cuando me contó ese detalle, el pibe se va a curar en y por la bici. Y ahora pienso mientras recapitulo en tiempo récord estos días de viaje: ¿qué otro momento quisiera que me acompañe lo que me dure la memoria? Los bailes… Bailamos mucho y en todo momento gracias a unos parlantitos bluetooth. “¿Ustedes nunca paran de bailar?”, nos preguntó Santiago, uno de los miembros de Fixed Mafia, nuestros anfitriones en la capital chilena, mientras mirábamos al smog como una lengua de ceniza relamiendo la ciudad, bailando al ritmo de Crystal Castles, desde la cima del cerro San Cristóbal (a.k.a. Tupahue o cerro Centinela).
¿Todo esto es una grandísima excusa para hablar de cuántas cosas lindas pueden surgir de algo tan ridículo como cruzar la cordillera en piñón fijo? Puede ser. Sin dudas hay historias y anécdotas que no me alcanzan los días para contar pero hagámonos amigues, tomemos unas birras con los chicos de Santa Fé y Córdoba, o con las chicas que fueron de Capital o los pibes de La Plata, o vayamos a Camboriú a visitar al resto de la troupe cuando estrenen el documental sobre este viaje. ¿Y quién te dice que en el 2019 o 2020 no haya otro cruce? Conociéndome y conociendo lo adictivo que es, dudo que me lo pierda, y los invito a hacer lo mismo.

Cruce en fijo
Kilómetros: 200. 140 de ascenso y 60 de descenso.
Época del año: otoño. Clima fresco, sin nieve pero con viento zonda.
Duración: 2 días de ascenso y 1 de descenso.
Punto de salida: Las Vegas, Mendoza.
Puntos intermedios: Uspallata, Las Cuevas, San Felipe (Chile).
Punto de llegada: San Felipe y de ahi en bondi a Santiago.
Hospedaje: en cabañas, camping y hostel.
Integrantes: 22.

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