La paradoja del ciclista

solbiciPor Isabel García Amuchástegui y Ariel Sabatella

Marzo en Buenos Aires. Pleno mediodía y un calor agobiante, con una térmica que quiebra los 30 grados. Avenida Corrientes. Semáforo en rojo. El asfalto en combinación con el calor violentan las calles. Arriba de la bici está insoportable y los automóviles, encapsulados en su aire acondicionado, solo transmiten más calor. En medio de este paisaje apocalíptico, donde lo único que calma es la brisa del movimiento, un ciclista rompe la rutinaria atmósfera urbana. Golpea fuertemente la ventanilla del chofer de un bondi de la línea 146 que aguarda el semáforo en verde y dice:

– ¡Te das cuenta que casi causás un accidente! ¡Sos un hijo de puta! ¡Te voy a denunciar!

El chofer, sumergido en su submundo y con gran naturalidad, no se da por aludido. El ciclista, rabioso, se para sobre los pedales y se pierde -en contramano y en zigzag- sobre una Avenida Corrientes que reanuda su marcha. Y, si bien en principio pasa desapercibido, unos metros después se escuchan bocinazos y el ciclista es protagonista de una frenada que casi lo hace volar por los aires.
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