La cadena II: Cómo medir su desgaste


Por Luddite

Inevitablemente, la cadena sufre mucho con el uso y termina por gastarse, lo que puede derivar en frecuentes saltos en la misma, saliéndose del sistema de transmisión. Además, una cadena con excesivo desgaste terminará por perjudicar los platos y coronas de la transmisión. Por eso es importante reemplazarla a tiempo, de modo que cuando lo hagas, no tengas que cambiar también el o los platos y coronas del piñón.

Tan específico como útil es el medidor de desgaste de cadena. Si bien hay métodos rudimentarios que más o menos funcionan, esta herramienta es la única que habla su idioma y es capaz de traducir su nivel de uso, a fin de evaluar si es necesario un reemplazo.

Los hay de varios tipos, pero básicamente se trata de una regla con dos extremos. En uno hay un punto de apoyo fijo, que va sobre uno de los rodillos de la cadena; y en el otro hay un comparador que bien puede ser articulado o escalonado, y que indicará el nivel de desgaste de la cadena.

El que te mostramos en la foto es bien sencillo:


Si al apoyar la herramienta en la cadena cae en el marcador rojo, la misma necesita ser reemplazada.


Si cae en el amarillo, la cadena está en su mitad del desgaste.


En el verde, la cadena está nueva o con poco uso.

Cabe mencionar que el desgaste de la cadena es ineluctable, pero como usuario o usuaria de la bici podés prolongar su vida útil manteniendo la transmisión limpia. La tierra, el óxido superficial, los residuos sólidos, la grasa empastada y el barro, aumentan el nivel de roce entre los engranajes y la cadena, haciendo que se consuman prematuramente.

Un dato anecdótico al respecto: suele escucharse en los ambientes bicicleteriles que la cadena se “estira” y que por eso después de mucho uso o abuso “hace panza” entre el piñón y el plato. Si bien el dicho ilustra de manera clara la cuestión del desgaste, la realidad es que el acero no se estira. Sucede que los rodillos que componen la cadena se van gastando, debido a la fricción de éstos contra los dientes de los engranajes, reduciéndose con la abrasión del metal contra metal. Así, al volverse cada vez más pequeños los rodillos, no calzan perfectamente en los valles de los piñones y platos, y se desplazan dentro del mismo cuando se aplica fuerza a la cadena. Esto hace que por más que la tensemos moviendo de lugar la rueda hacia atrás, siempre quede floja.


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