¡La bici me desgasta la ropa!

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Hay algo de lo que poco se habla pero todo buen ciclista urbano sufre: el desgaste de la ropa. Si sos de pedalear mucho por la ciudad con tu vestimenta común de todos los días, seguramente ya habrás roto más de un pantalón y manchado unas cuantas botamangas con aceite de la cadena.
Acá te presentamos una rápida lista de las situaciones más comunes para que veas con cuál te sentís identificado y además para que puedas contarnos cuáles otras te ocurren que no estén mencionadas.

Manchas
Tal vez el problema más ineludible para la ropa. Por más recaudos que tomemos, nadie está exento de una salpicadura. Las calles están llenas de baches que en el mejor de los casos contienen agua sucia. No es raro pasar con nuestra bici sobre un charco de aceite, gasoil o líquidos que ni el más sofisticado de los laboratorios podría determinar de qué se trata. De acá sale el consejo que solemos dar acerca de las bicis urbanas: usar guardabarros ayuda mucho a no ensuciarnos tanto.
Por otro lado está la posibilidad de ensuciarnos con nuestra propia transmisión. Los platos y la cadena es sabido que suelen dejarnos “tatuajes” en las pantorrillas, pero con pantalones largos nos dejan la marca en las botamangas. La sugerencia más práctica para minimizar esto sigue siendo usar el famoso y viejo broche de ropa para ceñir el pantalón a nuestros tobillos. (Pero si te da vergüenza, podés optar por unas cintas refractantes con velcro) Arremangarse también es una alternativa, aunque en invierno muchos lógicamente la descartan.

Agujeros
Los hay de todo tipo. Los que se forman porque se nos engancha la ropa en algún tornillo mal puesto de la bici o los que se van haciendo de a poquito. Sobre estos últimos los más perjudiciales son sin dudas los que se forman en la entrepierna por el roce constante al pedalear. Preguntale a cualquier experto ciclista urbano cuántos pantalones y ropa interior ha roto a esta altura y tendrás tema de conversación para rato.

Decoloración
Esto se da en verano sobre todo. El sol hace de las suyas y decolora nuestra ropa de forma proporcional al tiempo que pasamos arriba de la bici. Es así que muchos de nosotros llegamos al final de la temporada estival, por ejemplo, con bermudas que tienen un tono mucho más claro en la zona de los muslos y más oscuro en la parte de abajo. Lo mismo con las remeras y algunas camisas en donde los hombros en pocas semanas presentan colores más lavados que el resto de la prenda.