La bici, la playa

Por Isabel García Amuchástegui y Ariel Sabatella

Entre tantas virtudes que tiene la bici, en esta ocasión queremos detenernos en una especial: el rasgo de unión que se produce cuando estamos arriba de ella. Cuando pedaleamos en grupo, sea o no multitudinario, pareciera no importar a qué clase social pertenecemos ni qué estilo llevamos, ni qué música escuchamos, ni la ropa que usamos. En esas ocasiones el pedalear se vuelve tan potente que supera toda diferencia. Sucede algo similar cuando vamos a la playa, ese lugar en el que todos estamos semidesnudos, compartiendo lo mismo: el entorno natural. Ricos, pobres, gordos, flacos, rubios, morochos, todos juntos casi sin poder diferenciar a qué nivel social pertenece cada persona. Dejamos de ser protagonistas, el intérprete pasa a ser ese majestuoso entorno. Con la bici, lo que sucede a nivel corporal y espiritual es más fuerte que toda idea, que toda diferencia, no nos queda otra posibilidad que relegarle el lugar a esa imponente sensación, quizás porque a muchos nos traslada a la época en que éramos niños, aquel tiempo en donde lo único que queríamos era jugar, disfrutar y andar en bicicleta.

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Intro publicada en La Guía BAiker número 5, febrero / marzo 2014