Julieta Pink: Entre el éter y la ciclovía

Txt Rocío Cortina | Ph. Ariel Sabatella
De lunes a viernes entre las seis de la tarde y las nueve de la noche, a Julieta pink se la escucha al aire de metro y medio en metro 95.1 junto a Sebastián Wainraich. Después de viajar hasta los oídos de millones de personas gracias a la magia del éter, Julieta se dispone a hacer otro viaje pedaleando desde Colegiales, donde estála radio, hasta su casa de Villa Crespo.
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“Empecé a usar la bici como medio de transporte de la mano de las ciclovías, necesitaba algún tipo de organización para animarme”, confía la locutora, hoy fanática de las dos ruedas: “Si no puedo ir pedaleando, a la vuelta tengo que tomar colectivo o taxi pero quiero apretar un botón y que la bici me venga a buscar. Me reconozco militante en la alegría por la bici, soy una fundamentalista pero por usarla, no porque alguien me lo haya dicho.”

Rosa y con canasto
Una playera rosa acompañaa a Julieta por las calles. La lleva, la trae, la representa: “Es la primera bici que compré para usar en Capital. En la luna de miel, con mi marido habíamos usado mucho la bici en Alemania. Volví y compré esta porque es rosa, tiene canasto y el freno en mi mano, no contrapedal”. Ese mismo día Julieta la estrenó en su traslado a la radio, sin luces y sin casco. Cuando salió de trabajar llovía y era de noche: “A partir de ahí me tomé la bici en serio –confiesa–, le puse lucecitas, bocina y llevo casco, un abrigo y un rompevientos porque soy muy friolenta.”
La postura erguida y el ritmo de paseo son los puntos a favor que la locutora encuentra en su playera: “Nunca podría usar una de media carrera con ruedas finas. Me gusta ir a una velocidad que me permita contemplar, mirar. A veces escucho música pero con el teléfono en altavoz, sin auriculares, para estar atenta.”

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Más amor, menos motor

Las ciclovías de Enrique Martínez y de Gorriti conforman el recorrido cotidiano de Julieta. Antes de tener a Baltazar, su hijo de dos años, solía pedalear por el Rosedal de Palermo y también para ir a casas de amigos, pero el ritmo cambió a la par de la familia: “Justo hoy le anoté a mi marido que llevara su bicicleta para que le pusieran una sillita atrás así lo lleva él, el padre.”
Julieta cree que la bici es fundamental para los chicos: “Me parece muy orgánica, da lugar a la imaginación.” La conductora se declara en contra de los vehículos a motor y cuenta una anécdota familiar al respecto: “Para Navidad mi papá le regaló al nene un cuatriciclo enorme, con velocidades. No me animaba a decirle que quizás era más un sueño suyo, lo veía tan orgulloso de su regalo… Y un día me dijo: ¿A vos te parece regalarle esto? Le contesté que mejor lo cambiábamos por un triciclo. Me liberé. Hasta sobró plata.”
En Caseros, Buenos Aires, muchos momentos de la infancia de Julieta están salpicados por la bici: “Me acuerdo cuando dejé las rueditas y el día en que mi papá me llevaba atrás y me dijo: abrí las piernas, ojo con los rayos. Y yo las cerré y me corté. Otra vez mi hermana se cayó y se quebró. O que íbamos en fila india con papá hasta la iglesia de Lourdes. Me pasaron todas con la bici, pero nunca le tomé bronca, la defiendo. Hay que usarla con responsabilidad.”

Videoclip
Diversión, ejercicio y paseo es un combo que la locutora encontró en la bicicleta y se lo recomienda a otros: “Es un medio de transporte y una manera de hacer ejercicio para los que no nos enganchamos con nada. Te trae felicidad inmediata.”
Uno de los rituales favoritos de Julieta con la bici se produce en Nochebuena y Año Nuevo: “Salgo de la radio y me gusta volver pedaleando a mi casa para ver la ciudad en movimiento, los preparativos de la gente: suben y bajan cosas del auto, se arreglan el pelo. Hago mi videoclip y busco highlights. El año pasado vi a un hombre enorme en cuero que buscaba Coca Cola en un kiosco, ese fue mi highlight. Me divierte. Mi mamá me dice: dale, apurate. Yo le contesto: llego a casa a las 10 de la noche, comemos en 20 minutos, mirá todo el tiempo que hay hasta las 12”.

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Cuando nadie me ve

En el 2014, la Asociación de Ciclistas Urbanos (ACU) lanzó la campaña de educación vial En Bici Seguro, donde Julieta fue la voz de los videos: “Me llamaron porque hablaba mucho de la bici en radio, recién empezaba a usarla y era como una evangelista”, recuerda.
Si hablamos del tránsito, sabemos que Buenos Aires sobre ruedas puede ser tan hermosa como caótica: “Las ciclovías y bicisendas son un 10 pero tienen que ir acompañaas de carteles y publicidad. Para eso, el Estado debería tener minutos y segundos gratis en tele. Los cruces que se producen entre ciclista, peatón, automovilista, colectivero y taxista son por falta de información”, opina Julieta, quien hace algunos años sufrió en carne propia una de estas situaciones: “Un auto entraba a un garaje, yo caminaba, él no me vio,me pisóel pie,se fue y no se hizo cargo.”
Como toda crisis también es oportunidad, a partir de aquella experiencia la conductora asegura que aprendió a protegerse más en las calles: “Nadie te va a cuidar la vida, no importa que tu derecho sea ir por la vereda. Cuando pedaleo, paseo y disfruto, pero igual voy con siete ojos.” Sin embargo, reconoce que si nadie la mira ella también vulnera normas de tránsito: “A veces, en lugar de ir con los autos hasta la bicisenda de la calle Enrique Martínez, voy por la vereda. Hago una cuadra y media despacito. Si me cruzo a alguien pido perdón: está mal.” Algo similar le pasa con los mensajes en el teléfono: “Una vez me encontré negociando el contrato de alquiler desde el celular arriba de la bici y dije: no. Es que la tomo tan natural, como si fuese mi oficina”.
Paradojas y singularidades del paisaje urbano, donde no todos los viajes son perfectos.