Hilda Lizarazu

La bici pop

No es casual que en sus letras o videos aparezca más de una bicicleta, es que para una de las cantantes más respetadas de nuestra música popular, nuevamente hoy al frente de Man Ray, montarse en dos ruedas es el signo más preciso de sentirse libre.

Por Diego Oscar Ramos

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A mediados de la década pasada, muchos de los que habitaban el viejo Palermo podían cruzarse con ella, andando en una bella bicicleta violeta, surcando calles aun sin ciclovías, cargando en un asiento trasero a su niña en edad preescolar.

03-BAiker-0286La imagen, tal vez bucólica para ojos imantados por el lirismo, parecía propia de una noble canción de Man Ray. Y es que aquel grupo de composiciones diáfanas, cálidas y emocionales que Hilda Lizarazu supo gestar junto al guitarrista Tito Losavio, tuvo en los 90 una presencia muy fuerte dentro de lo que suele considerarse pop nacional, esa etiqueta que puede significar cierta blandura en comparación con alguna aspereza básica del rock, pero que también es signo de composiciones precisas, amenas y accesibles. Ahora, que pedaleamos la primera mitad de la segunda década de este siglo, cuando su hija es preadolescente y ya no tiene en sus manos la Aurorita violeta con que la llevaba al jardín, una de las cantantes pop rock más respetadas del país acaba de editar junto a Losavio el disco Purpurina. Allí reunió un par de temas nuevos junto a hits de Man Ray como Caribe sur, Todo cambia o ¿Por qué no me mirás?, una canción donde la imagen de una “vieja bicicleta nueva” se vuelve contrapartida luminosa ante un reclamo amoroso. “Ese tema podría ser un sinsentido, un típico reclamo femenino mezclado con este personaje masculino en bicicleta que recorre zonas bellas de la ciudad, como el zoológico y el botánico”, cuenta Hilda, antes de asegurar que ha sido común regalarle vivencias suyas, como las ciclísticas, a los personajes de las canciones.

03-BAiker-0219“Me gusta mucho la motricidad en todos sus formatos: el ciclismo, la natación, el yoga, incluso el trote, porque desde siempre el trabajo corporal estuvo acompañándome y lo he usado como una suerte de terapia motriz”, dice la cantante, que en el clip promocional del cover de Mañanas campestres, himno de Arcoiris que incluyó como novedad en el disco, aparece montada en una bici. Y no parece casual, cuando se la escucha emitir esta frase: “La bicicleta siempre me enseñó lo que significa la libertad”. Potente, concisa, efectiva como sus canciones, esta idea tiene su pronta explicación: “La bicicleta es el único lugar donde sentí lo más cercano a lo que podría describir con esa palabra llena de connotaciones, aristas y significados”. Los ojos se le iluminan con un destello tan intenso como levemente melancólico, sobre todo cuando agrega: “Ultimamente no estoy tan libre, me está faltando eso de andar más en bicicleta”. Fue durante los 90, década de mucho trabajo con su grupo y como corista de Charly García, cuando más la habitó el apasionamiento ciclístico. “Anduve mucho, sin bicisendas, a pura calle, me iba en bicicleta a los ensayos con Charly que me quedaban relativamente cerca de mi casa, aunque a veces eran muy largos y se complicaba el regreso”, comenta, con una risa entrecortada. En aquel momento no se sentía en sintonía con colegas músicos o amigas artistas plásticas o intelectuales para pedalear, por lo que se integró a la Asociación de Ciclistas Urbanos (ACU), donde formó parte de un grupo que salía semanalmente a realizar recorridos nocturnos desde Palermo a San Isidro.

Con la llegada del nuevo milenio, sin Man Ray y con vida nueva en las sierras de Córdoba, donde quedaría embarazada, supo pasar buena parte de su tiempo en actividades corporales que incluían escaladas y la bicicleta en contexto aventuresco. “Hice unos cuantos kilómetros y anduve en sierritas pero dentro de mis posibilidades, porque me caí varias veces, imaginate, una dama como yo, con las rodillas sangrantes, todo eso me hizo bajar los deciveles”._MG_0295

También eso suele pensarse que hizo al dejar en su momento de cantar con García. De esa etapa dice que el máximo aprendizaje fue saber que tiene que seguir andando en bicicleta. “Aprendí que uno se tiene que cuidar”, completa la idea y cuenta, contrastante, que Losavio suele llegar en bici a los ensayos de este renovado Man Ray. Ella misma está buscando más tiempos para andar más. Lo que quiere es hacerlo mientras cumple con sus grandes objetivos: estar atentísima a su hija tanto como a su trabajo creativo. Lo que sabe Hilda es que es necesario reintegrar a su vida ese goce que sintió de niña, cuandopor primera vez fue llevada en bicicleta por uno de sus padres en la costa argentina, un placer que haría suyo al pedalear en Long Island, en su adolescencia en Estados Unidos.
Las razones de este proyectado regreso pasional son claras y poderosas como una buena canción pop: “Siempre pensé que el movimiento en bici, en una buena superficie y con buen clima, te hace entrar en una meditación en movimiento, circular, perfecta. Y eso para mí es la libertad”.Frase-Hilda4