De ciclista a ciclista: Te lo digo, me lo digo.

Por Ciro Pertusi
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Siento que de muchas maneras la bicicleta ha salvado mi vida, aunque pueda sonar exagerada la palabra “salvar”, incluso para mí. Digo “salvar” simbólicamente, ya que la sumatoria de todas las experiencias que a lo largo de mi existencia he vivido, el placer de su andar cobra tal sentido que, al menos para mí, justifica el atrevimiento de usar dicha palabra.

Ando en bici desde los siete años. He tenido muchas y he visto mucho arriba de ellas, a través de ellas y gracias a ellas. Y no me canso nunca de sentir esa emoción increíble cada vez que por diferentes razones paso unos días sin pedalear y finalmente agarro la bici. Dentro mío siento: ¡Por fin!, ¡Ya no aguantaba más toda esa farsa!, ¡Esto es lo que estaba necesitando! Y enseguida todo se pone en su lugar.

Actualmente tengo una bici en Baires, donde vivo a diario, otra en Bahía Blanca, donde vive mi hija durante época lectiva, y ahora estoy por hacerme de una más, pero esta vez una folding, para nunca más quedarme tanto tiempo sin poder escapar súbitamente de todo ese agobio letárgico al que nos somete este sistema humano-sedentario.

Mi idea es poder cargar la folding a cualquier auto, micro o avión, y así disponer de este maravilloso invento, no solo para trasladarme adonde sea, sino también para disfrutar de la vida y el mundo de la manera que aquellos que se suben a una bici saben, ya que el mundo sobre una bici, es más lindo.

Dicho esto y terminando mi relato, NOS hago un llamado de atención:
Donde sea, como sea, en ciclovías, avenidas, calles angostas, intentemos circular por la derecha. Recordemos que los semáforos son para todos. Esperemos antes de la senda peatonal. Bajemos la ansiedad. Si vemos que no viene nadie, ya sea peatón, ciclista o automovilista, ok ¡pasemos! Es sentido común, pero no pongamos ese “sentido común” como número puesto, porque puestos nos van a llevar o nos vamos a llevar a alguien puesto. No estamos solos, hagamos señas que indiquen que vamos a parar o a doblar. No perdamos ese código del ciclista que ama la bici y tiene empatía con otros ciclistas: la mirada cómplice, el saludo y la solidaridad.

Por último, señora, una bici circulando sobre la vereda muy lentamente, a paso de hombre, no es algo para temer. Por la misma razón que un perro, por tener dientes, no te va a morder, la bici, por tener ruedas, no te va a atropellar indefectiblemente.

Ante todo, ¡te lo digo y me lo digo!