Dario Sztajnszrajber

Las riendas del cuerpo

Al andar en bicicleta, su medio habitual de transporte, el reconocido filósofo da descanso a su mente. Y deja que, como en ninguna otra actividad, sea la corporalidad quien comande.

Por Diego Oscar Ramos
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Como puede pasar en su programa Mentira la verdad, de Canal Encuentro, donde su enfoque desacartonado de la filosofía expande la idea de lo real, hablar con Darío Sztajnszrajber sobre bicicletas abre en su expresión un espacio diferente del que suele conocérsele. Y así como dice que es la pura corporalidad, antes que su potente racionalidad, la que gobierna su persona cuando pedalea, también hay una cualidad corporal en sus palabras para La Guía BAiker. Sobre todo cuando cuenta con emoción calma momentos en que la bicicleta fue clave en su vida: desde un viaje mítico desde Buenos Aires a Mar del Plata, hasta la necesidad imperiosa de comprarse una en el instante mismo de una separación afectiva o el año entero en que llevó en bici a su hijo más grande a la escuela, sin importar los avatares del clima. En todas estas historias, Sztajnszrajber sabe aprovechar bien sus recuerdos ciclísticos para hacer andar en sus respuestas una mirada cuestionadora sobre temas como el apego o el desapego. Y lo hace bien fiel a su pensar con swing, aún en un día caluroso de verano, en su casa, cuidando a sus hijos, con alma relajada de filósofo en ojotas.

El otro espacio
“Para mí la bicicleta es el espacio donde me dedico a interrumpir esa lógica más intelectual y me conecto con el cuerpo, es esa otra identidad que acompaña a la que manifiesto en mis actividades vocacionales y profesionales, es lo que me deja acceder a una totalidad de mí”, dice Sztajnszrajber, quien celebra las dos ruedas como elemento compensador y agrega: “Cuando ando en bicicleta no estoy pensando en la clase que viene, en la idea que tengo que escribir, o en el nuevo programa de radio, porque dejo de pensar, conecto con la sensación que se está plasmando en ese momento y es el único ámbito en el que lo corporal toma la delantera, con la bicicleta el cuerpo toma las riendas”. _MG_7468Si hay cambios en el proceso de pensar luego de esa retirada momentánea, lo contesta con esa claridad conceptual que lo llevara a ser coordinador del Programa de Cultura Literaria de la Secretaría de Cultura de la Nación: “Cuando uno decide salirse de su rutina, un viaje vale por lo que ofrece como conexión, a la vez que te renueva en tu retorno en la vida cotidiana. Por eso, soy de estar mucho en la bicicleta porque lo siento como un retorno más catártico, una purificación de un cuerpo que cuando tiene que acompañar a la cabeza, lo hace desde otro lugar”. Comenta luego que la bicicleta le ofrece destrezas ligadas a la velocidad o el esquivar obstáculos con pericia, dice que la usa como medio de transporte para llegar a tiempo y con placer a todos sus trabajos.
“Cada vez he ido emancipándome más de la pulcritud, puedo llegar transpirado, tengo cierta impunidad, soy partidario de los contenidos por sobre las formas, pero tampoco es para tanto, porque te lavás un poco la cara y ya está, si a algunas personas le molesta, lo lamento”, desafía Sztajnszrajber. Con esa misma actitud despreocupada hacia reglas estéticas socialmente aceptadas, relata su viaje iniciático en bicicleta, a sus 19 años, cuando luego de un entrenamiento urbano previo, salieron hacia Mar del Plata con un amigo, en bicicletas modestas donde cargaban tanto cacerolas como una radio a pilas, para escuchar los partidos de fútbol del domingo. “Hacíamos 100 kilómetros por día y dormíamos uno entero; tardamos ocho días en llegar. Allá nos salió un laburo, dejamos las bicicletas en un depósito y nunca más las recuperamos”, cuenta. Y lanza de inmediato el concepto de que los artefactos, cuando dejan de ser extensiones del cuerpo pueden volverse apenas fierros. En ese sentido, se define como una persona desprovista de relaciones de apego y sostiene que las bicicletas o las casas podrían ser bienes sociales, disponibles para quien las precise. Eso sí, segundos después, atento a su hijo más pequeño tanto como a sus palabras, cuenta que comienza a sentir una suave nostalgia. “Hoy me agarra eso, al acordarme de la bici en la que hice ese viaje, pero no me acuerdo ni de su color”, confiesa sin temor a la ambigüedad y comparte toda una historia de cómo compró una playera de mujer una tarde de sábado, al instante casi de separarse de una pareja._MG_7427

La mente afuera
Sztajnszrajber pide que sean los psicólogos quienes analicen el porqué de su impulso y vuelve a decir que también esa bici terminó siendo un mero artefacto, que vendió por poco dinero al cumplirse su ciclo. Consecuente con su afirmación constante en la entrevista de no quedarse pegado a ideas últimas, cuenta que aun habiendo comprado un auto recientemente, la bicicleta sigue siendo portadora de paseos familiares, porque no habita en ellos la disputa automóvil-bicicleta. “No me gustan los fundamentalísimos”, anuncia con firmeza. Y en ese tono es que pone en duda el hecho de que sólo la bicicleta aporte sensaciones de libertad, ya que un auto en una ruta con las ventanillas bajas puede brindar lo mismo, algo que apenas sospecha, ya que él no maneja autos. Lo que sí sabe conducir con gracia es el orden de sus ideas, cuando le da una vuelta de tuerca al tema inicial, para finalizar la entrevista hablando de similitudes del pensar con el andar en bicicleta: “Spinoza dice que el cuerpo y el alma son dos expresiones de lo mismo, pero no puedo pensar así, vivo la corporalidad escindida de lo espiritual y me encanta estar con la mente apagada porque a veces me agota en mi tarea cotidiana. Entonces, no podría hacer una cosa sin la otra, porque en mí la actividad física se vuelve necesaria para pensar integralmente”.
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