Bicicletas Gravel: Cerca de la perfección

Uno de los tantos domingos en los que salgo a devorar kilómetros en bicicleta, me observo pedaleando a un promedio que supera los 30 km/h sobre un prolijo asfalto. El viento en contra se ve humillado por la cómoda y aerodinámica posición de mis brazos en el dropbar. Inmediatamente, un desvío de tierra y grava que asoma a un costado del asfalto me atrae como el canto de las sirenas a Ulises, y en una fracción de segundo el rumor de las cubiertas rozando el asfalto es reemplazado por el concierto del ripio. Con casi la misma performance de una bicicleta de ruta, migro a la sensación de una mountain bike en el off road. Es el momento en que siento que encontré una bicicleta cercana a la perfección, cómoda para largas distancias, rápida en la ruta y apta para todos los terrenos. Bienvenidos al Gravel.

El futuro llegó

¿Cuándo nació el gravel? Podemos encontrar los orígenes en las primeras décadas del siglo pasado, cuando las carreras de ruta hacían transitar a los ciclistas por penosos senderos de tierra y grava. Las bicicletas debían ser fuertes y tener cubiertas anchas. Pasó el tiempo y el señor petróleo se encargó de tapizar esos hermosos y naturales caminos, lo que hizo que las bicicletas evolucionen para adaptarse al nuevo medio, transformándose en escuálidos corceles. Tiempo después en Estados Unidos, allá por los años 70, los surfers descubrieron las playeras y, años después, unos intrépidos amantes de la montaña inventaron las mountain bikes. En un pasado más cercano, los ciclistas del centro oeste de ese país volvieron a engordar sus bicicletas ruteras para alejarse de las peligrosas rutas donde reina el automóvil y también para disfrutar las extensas planicies aún libres de asfalto.

Así es como en la última década las gravel desplazaron a las mountain bikes y a las ruteras, generando a su vez competencias masivas y exitosas de la especialidad. A la par, las principales marcas del rubro desarrollaron al menos un modelo de estas características a su catálogo.

Marche una gravel

Hoy en día es fácil distinguir una bicicleta mountain bike, una rutera, una plegable, una playera, etcétera, pero cuando hablamos de gravel surge el desconcierto. Para ser lo más didáctico posible, podría decirles que es una mezcla entre una MTB y una rutera, ya que podemos tener una excelente performance tanto en asfalto como en un camino de montaña. Las gravel poseen una geometría más cómoda que una rutera, lo que nos permite hacer grandes distancias, haciéndolas ideales para cicloturismo.
Los espacios entre vainas y horquilla son amplios para colocar una cubierta ancha, de buen rodar en asfalto y con pequeños tacos para un buen agarre en tierra.
Una con gravel con cuadro de aluminio y horquilla de carbono suele pesar entre 10 y 11 kilos. La transmisión puede ser monoplato (1×11) o dobleplato (2×8, 2×11). Con frenos a disco, en lo posible mecánicos para evitar insalvables inconvenientes en travesías, como roturas de mangueras hidráulicas. Pero lo más distintivo de este estilo es su manubrio dropbar; su elección no es casual y radi- ca en la comodidad que ofrece con sus múltiples posiciones de conducción, permitiendo optar por un manejo relajado o agresivo, dependiendo de la ocasión. También es importante destacar que se logra una aerodinámica mucho más efectiva que con un manubrio de MTB, sin perder capacidad de maniobrabilidad.
Luego de pasar por todos los tipos de bicicleta, he descubierto en la gravel a la más polivalente de todas, además de ser estética, fuerte, rápida, cómoda y liviana. Ideal para usarla diariamente en calles de Buenos Aires, para disfrutarla un fin de semana en algún perdido camino rural o para planear unas vacaciones en dos ruedas.

 Por Gustavo Almada: Ciclista y propietario de LordBike: www.lordbike.com.ar