Autonomía ciclista

14-mecanica-1938
Por Luddite*

En esta edición no voy a escribir sobre procesos mecánicos en sí sino que intentaré transmitirles algunas reflexiones y sentimientos respecto de mi oficio de mecánico y las expectativas que pongo en él como vehículo de desarrollo individual y colectivo. Probablemente, mis primeros encuentros con bicis fueron fortuitos y, durante mi infancia, a modo de juego. Sin embargo, mi ulterior interés por aprender su lógica no fue simple casualidad, ni se debió a la necesidad de trascender monetariamente. Aprendí a reparar mi bici porque buscaba solucionar de manera autónoma los desperfectos de mi vehículo; la única forma de solución auténtica y honesta a la que apuesto en todos los planos de la realidad cotidiana, tanto propia como colectiva. Considero que cada individuo, en tanto elemento de una comunidad, debe ser capaz de responder por sí mismo de la manera más extendida posible. De este modo nadie se restringe, sino que todos se potencian.
Mi taller fue consecuencia de la misma lógica de autonomía expansiva e intento que responda con esos mismos métodos, en pos de esos mismos fines. Al ser la bicicleta algo finito, medible, calculable, la mano de obra que se le aplica puede y debe ser extendida de manera totalizadora, abarcándola en sus partes aisladas y atomizadas, pero entendiéndolas como un todo sistémico. Hacer menos que eso es comprometerse poco. Es someter al arbitrio el funcionamiento de los componentes. Es, en definitiva, no hacerse cargo. Delegar -sea a un otro que haga el trabajo que yo no hice o a las casualidades cotidianas- el destino funcional del rodado.
Trato de que quienes se llevan su bici reparada o armada de mi taller, acepten también el compromiso de aprender a solucionar por cuenta propia los inconvenientes cotidianos, en la me- dida de sus posibilidades y recursos. Saber emparchar una cámara, regular un freno o un descarrilador, rotar las cubiertas, cambiar un cable o simplemente ser capaces de advertir cuándo y porqué la bici precisa ser revisada por alguna persona entendida, es responsabilizarse activamente respecto de la decisión de transportarse en bicicleta. De otro modo, la jornada de pedaleo se convierte en un mero acto de suerte, una circunstancia determinada por la aleatoria presencia de un vidrio, tachuela o alambre afilado.

*Mecánico de bicicletas: 154199-4844 | green_anarchy@hotmail.com

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