Aún con dolor, crecer

Por Isabel García Amuchástegui y Ariel Sabatella.

Desde que se hizo un lugar para la bici en la agenda política el ciclismo urbano salió del anonimato. Al principio los automovilistas se quejaban, argumen- tando que cómo se podían sacar dos metros de calzada destinada a los autos para que unos pocos ciclistas pudiesen circular por allí. Un tiempo después, esos mismos automovilistas empezaron a admitir que la ciclovía ordenó en parte el tránsito y animó a muchos a subirse a la bicicleta.

La prensa empezó a publicar notas acerca de la cultura de la bici, de cómo se compor- tan los ciclistas en el tránsito y de cómo crece el fenómeno, entre tantas otras cosas. No hay dudas que el ciclismo urbano llegó para quedarse. Y no podría ser de otra manera, con más de 130 kilómetros construidos de ciclovías en Buenos Aires, con alrededor de 1.000 bicicletas que conforman la flota del sistema de bicicletas públi- cas y gratuitas y con la organización de bicicletedas gratuitas, entre otras activida- des que se insertan dentro del programa de promoción del uso de la bici.

Pero todo esto no alcanza, no conforma. Cada día se hace más fuerte la voz de los que hacen notar duramente lo mal que están hechas las ciclovías, entre tantas otras críticas. ¿Será la idiosincrasia argentina? No lo podemos saber con certeza, pero lo que sí podemos asegurar es que existen las críticas porque precisamente se ha creado un verdadero espacio en la ciudad para el ciclismo urbano. Sigamos creciendo.

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